Bondades de la sombra

•mayo 11, 2012 • Dejar un comentario

 

   “La luz no es el medio más adecuado para ver las cosas, sino para ver ciertas cosas. Ahora que está nublado he visto por el balcón mayor número de detalles en el paisaje que en los días soleados. Estos resaltan ciertos objetos en detrimento de otros, a los que dejan en la sombra. La media luz del día nublado pone a todos en el mismo plano y rescata de la penumbra a los olvidados. Así, ciertas inteligencias medianas ven con mayor precisión y con mayores matices el mundo que las inteligencias luminosas, que ven sólo lo esencial.”

Julio Ramón Ribeyro

Foto: Francisco Mas Manchón

Dos poemas crepusculares de Pierre Jean Jouve

•mayo 11, 2012 • Dejar un comentario

 

PAISAJE CHINO

(1960)

 

   Llueve sobre un lago, todo está borroso y detrás, sigilosamente el trueno. Largas cintas sueltas deshilachan las rocas más duras mientras el agua está lisa como una virgen. Yo paseo una pena de varios siglos notando el aire vivo sin viento sobre mi cara.

   No hay nadie en este país. Todo es aquí pérdida, fantasma, ausencia después de la muerte. Ni siquiera existe esa pena de la que hablé. Una vez más se trata de lograr que el terrible conflicto no mate al poeta.

 

Stephen Taylor

 

INTERIOR EXTERIOR

(1956-58)

 

En lo profundo del mundo interior oímos producirse

Extensiones, montañas llanuras lagos y mares

De azul, suntuosos colores

Cada lugar empujando al otro en el abismo de nuestra alma;

 

¡Dorado circo de montañas! Erramos por los lugares

Aspirando el éter que se pierde en el número

Lamentando amores abandonados sobre peñas azules

O ciudades inmensas con pabellones de sombra,

 

Lamentando, deseando, hasta el día entrevisto

Bruscamente dañado en que dejamos la escena

Que persiste en sus carnudos amores.

 

No obstante desde hace tiempo vivo y me desgarro

Entre dos formas hasta la tumba empeñadas

En una lucha a muerte de bellezas eternas.

 

 

(En Poesía, Pierre Jean Jouve, Trad.: Federico Gorbea, Ed. Librerías Fausto, 1974)

 

La fisión de la humillación (Carrie y su via crucis high school)

•mayo 7, 2012 • Dejar un comentario

 

   “(…) Carrie comenzó a aullar, mientras retrocedía agitando los brazos, gruñendo e hipando.

   Las muchachas se detuvieron al darse cuenta de que finalmente se había llegado a la fisión y la explosión. Fue en este momento cuando, según sus recuerdos, algunas de ellas manifestaron su sorpresa. Sin embargo, ahí estaban todos esos años de “acortemos las sábanas de la cama de Carrie” en el campamento de la Juventud Cristiana y “encontré esta carta de amor de Carrie para flash Bobby Pickett, hagamos copias y repartámoslas” y “escóndele las bragas en alguna parte” y “ponle esta culebra en el zapato” y “zambúllela otra vez, zambúllela otra vez“; todos esos años en que Carrie, siempre lenta y rezagada, participaba con obstinación en los paseos en bicicleta, un año conocida como “adefesio” y el siguiente como “mamarracho”, oliendo siempre a sudor, incapaz de alcanzar a las demás; esa vez que contrajo una afección a la piel por orinar entre los matorrales junto a una hiedra urticante, sin poder impedir que todo el mundo se diera cuenta (Oye, rascaculos, ¿te pica el trasero?); la tarde que se quedó dormida en la sala de estudio y Billy Preston le echó mantequilla de cacahuete en el pelo; los pellizcones, las piernas estiradas en el pasillo entre los bancos para hacerla tropezar, sus libros desparramados por el suelo, la fotografía obscena metida en su bolso; ese día en la iglesia cuando se arrodilló torpemente para rezar y la costura de su vieja falda de madrás se abrió junto a la cremallera con el ruido de una vela que se rompe; Carrie, la que era incapaz de coger la pelota en las manos aunque se la lanzaran de una distancia mínima; la que se cayó de bruces en la clase de danza moderna y se partió un diente, la que se estrellaba contra la red en los partidos de vóleibol, la chica que usaba medias que siempre tenían una carrera o estaban a punto de tenerla, la que mostraba siempre una mancha de sudor bajo las mangas de sus blusas; la chica a quien Chris Hargensen llamó después de clases desde la “Kelly Fruit”, en el centro, y le preguntó si sabía que “pedo de cerdo” se escribía C-A-R-R-I-E. Repentinamente se alcanzó todo esto y la masa crítica. Se encontró la definitiva y largamente buscada humillación, la última burla: la fisión.

   Retrocedió chillando en ese nuevo silencio, con sus gruesos brazos sobre el rostro y un tampón metido en medio del vello de su pubis.

   Las muchachas la observaban con ojos brillantes y solemnes.

   Carrie continuó hasta llegar al costado de uno de los cuatro grandes compartimientos de las duchas y lentamente se desplomó hasta quedar sentada. Gemidos lentos e impotentes la sacudían. Sus ojos giraban mostrando su húmeda blancura, como los de un puerco en el matadero.”

(De Carrie, Stephen King, Ed. Pomaire)

 

Dos trocitos fantasmales en un extraño relato de Leonora Carrington

•mayo 7, 2012 • Dejar un comentario

 

   “-Me pregunto si será capaz ese Kafir de invocar a los espíritus -dijo Ubriaco.

   -Espero que no -dijo Francis-. Estoy casi seguro de que en seguida vendrían detrás de mí. Parece que atraigo a los espectros como el queso a los gusanos. Cuando yo estaba en párvulos, había junto a los buzones, una vieja horrible que solía perseguirme. Y otra como un pájaro negro de cuello largo que salía del desagüe del lavabo cuando iba yo a lavarme las manos. Aunque el peor era el niño del árbol. Solía aparecerse en la araucaria que había delante del cuarto donde dormían los niños. No a menudo, pero bastantes veces, de noche. Y solía asomarme; y allí estaba sentado en una de las ramas más altas, sin ropa.

   Yo me asustaba, pero nadie me creía cuando hablaba de él.”

 

“El ancestro”,Leonora Carrington

 

   “Francis pensó que podía beber algo también, así que destapó una botella de cerveza; tuvo que bebérsela de un plato sopero, dada la constitución equina de su boca. Observó que sobre cada una de las figuras dormidas flotaba un espectro flaco, bastante parecido a un famélico trozo de cordel. Francis supuso que eran sus respectivos fantasmas, o espectros de alguna variedad flaca (los fantasmas son normalmente de naturaleza gorda, aunque hay excepciones). Pensó que sería divertido anudarlos unos a otros; tardó un poco en atarlos todos con una lazada en cada unión. No ofrecieron resistencia alguna, salvo una suave ondulación, como si una ligera brisa recorriese la antecámara. Los invitados roncaban inconscientes.”

 

 

(De “El pequeño Francis”, en La casa del miedo. Memorias de abajo, Leonora Carrington, Siglo XXI Editores)

 

Los griegos pronto saldrán a cortar cabezas

•mayo 2, 2012 • Dejar un comentario

 

“¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco?”

(Bertolt Brecht, La ópera de los tres centavos)

 

   A veces uno sólo se hace una idea precisa del alcance de la devastación cuando se fija en los detalles. Que Grecia está cada vez peor ya lo sabe todo el mundo. Ahí la tenemos, en el quirófano de la ingeniería financiera, bajo el bisturí de los experimentos económicos de los amos del mundo. Otros saben hablar mejor que yo de la profunda injusticia que está sufriendo la gente de ese país. Yo me limité a tratar de encontrar la palabra de las personas que viven en este infierno progresivo. A encontrarla en la literatura, sea en las ediciones comerciales como en los infinitos sellos editoriales independientes que felizmente han surgido desde hará unos años. Y puede que mi proverbial torpeza me haya alejado de los resultados que debí hallar, pero lo cierto es que no di prácticamente con ninguna obra escrita recientemente (incluso en toda una década atrás… o más) por un autor griego que me pueda dar alguna pista de lo que pasa. (Hablo de traducciones al castellano). Me extraña profundamente que no los pueda encontrar en los minuciosos catálogos de las novedosas y audaces editoriales pequeñas, que sin embargo importan obras de países helados y confines orientales. Hasta autores somalís he encontrado más fácilmente que los griegos.

   ¿Querrá decir esto que allí la gente perdió también la ilusión de escribir, la esperanza de atravesar la angustia con la palabra? ¿O que, por el contrario, ya nadie se quiere acercar a esos autores helenos, como si fueran un inicio de los nuevos apestados de Europa? Me niego a creer que sea la única zona del continente que no atraiga interés alguno en este terreno. Que nadie trate de escuchar y rescatar la narrativa de ese colapso.

   Por ello, y siguiendo los siempre atinados consejos de mi librero (Cap i Cua, Torrent de l’Olla/Plaça del Sol), me hice con una obra de un género que no acostumbro a frecuentar y que sin embargo resulta de una evidencia incontestable. ¿En qué género literario podríamos encontrar algo que nos dé el tono de lo que allí ocurre? Lo adivinaste: en el género policial. Y dentro de él a Petros Márkaris, un ya veterano guionista de cine y autor de novela negra, quien comprende el espíritu satánico que se esconde bajo esta ofensiva económica a la libertad y a los derechos de los ciudadanos griegos. Por ello esta vez asume la investigación de este crimen social con las armas más clásicas del género policiaco. En este caso, en la diáfana Con el agua al cuello, asistimos a las carreras de su comisario fetiche Kostas Jaritos arriba y abajo por Atenas tratando de descubrir la mano intelectual y ejecutora de dos sucesos que trastornan la vida en la ciudad y el país: la pega masiva de carteles y adhesivos llamando a la insumisión crediticia, fiscal, a no pagar las deudas a los bancos, los préstamos, las hipotecas… Y, por otro, lo que enciende los mecanismos propiamente dichos del género: la ejecución uno tras otro de cuatro destacados representantes de los engranajes financieros de Grecia y Europa. A golpe de espada ruedan cuatro cabezas: de un exdirector de banco, de un inversionista inglés de hedge funds, de un significado miembro holandés de una agencia de calificación, y del fundador y director de una empresa de cobro de morosos.

   La obra se desarrolla en un contexto de constantes protestas y manifestaciones, con el malestar omnipresente en todas las conversaciones y la certeza constante de haber sido víctimas de un engaño descomunal. De un modo casi simbólico, el pensamiento colectivo trata de descabezar la hidra de varias cabezas que tiene sometida a la población, y por ello se van sucediendo desperdigadas por Atenas muestras de apoyo y comprensión hacia el asesino de banqueros. El inspector Jaritos debe a pesar de todo estrechar el cerco, y así lo hace hasta llegar a desentrañar el crimen en base a una algo extraña alegoría. 

   Sea como sea, es un buen modo de pasear por la Grecia de ahora mismo y tratar de entender su momento para poder compartir su voluntad de resistencia. Algo empezó en Grecia hará muchos siglos y quién sabe si pronto, cuando parece que ese extenso ciclo llega a su punto más bajo, no acabe resurgiendo con una fuerza inextinguible e inédita de entre las raíces del Hades en las que este nuevo tiempo oscuro la pretende hundir.

 

“Que no se acuse a nadie de mi vida” (Teas de Marguerite Yourcenar #4)

•mayo 2, 2012 • Dejar un comentario

Felix Vallotton

   “No puede construirse una felicidad sino sobre unos cimientos de desesperación. Creo que voy a poder ponerme a construir.”

(En Fuegos, Marguerite Yourcenar)

 

“Que no se culpe a nadie de mi vida” (Teas de Marguerite Yourcenar #3)

•mayo 2, 2012 • Dejar un comentario

 

   “No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer más bajo que tu corazón.”

(En Fuegos, Marguerite Yourcenar)

"Anatomía del corazón" (más conocida como "¡Y tenía corazón!"), Enrique Simonet (1890)

 

 
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