Los que no son comprendidos…

   “Es posible que tu madre creyera realmente que podía irte bien si eras disciplinado y trabajabas duro porque casi todo el mundo creía en esas cosas en esos tiempos, pero quizá tampoco lo creyera realmente. Un tiempo atrás, cuando tu madre ya estaba en el hospital, ella te cogió de la mano y se emocionó recordando lo bueno que eras en los últimos años de la escuela, pero tú no pudiste dejar de pensar, en ese momento en que tu madre estaba muriéndose delante de tus ojos, deshaciéndose como el azúcar en el té de Frisia Oriental que tanto le gustaba, que tú habías odiado la escuela. Una vez le habías dicho, cuando aún eras un niño: “¿No crees que debería haber una escuela para quienes son como yo?”.”¿Quiénes?”, preguntó ella, y tú respondiste: “Los desesperados, los aburridos, los que están enfermos, los que no tienen nada, los que no son comprendidos.” Tu madre te miró fijamente un momento y luego se giró y comenzó a llorar; aún la recuerdas, apoyada en el lavabo, temblando, y también recuerdas tu frustración y tu dolor porque tu madre no aceptaba que tú simplemente te sentías diferente al resto y que esa convicción era lo único que tenías, lo único a lo que aferrarte. Entonces sentiste que en su llanto había algo así como un mandato, un mandato que la elevaba por lo que podía ser visto por alguien no demasiado listo como ella como su fracaso en los esfuerzos hechos para convertirte en alguien “normal”, en alguien que no sintiera que su lugar estaba junto a los miserables, para conducirla a su triunfo, ya que ese mandato -al que tú no podías resistirte puesto que tu madre era tu madre y tú su hijo, indefenso y ridículo, masticando aún tu tostada con mantequilla de avellanas, un barquillo de papel en una tempestad, que ya conocías y sabías que duraría la vida entera y en la que sólo tenías a tu madre para que te guiara- consistía en no volver a hablar del tema y en hacer todo lo que estuviera a tu alcance para no estar entre los desesperados, los aburridos, los que están enfermos, los que no tienen nada, los que no son comprendidos. Ese mandato, pensarás, era el de la disciplina y el trabajo duro, que tú has fingido apreciar al principio y luego has comenzado a apreciar realmente, atravesando el pasillo que las maestras os hacían a quienes erais más listos, ese pasillo al que entráis como niños -esto es, con sentimientos propios y personales que escuecen en vuesto interior y que apenas comprendéis- y del que salís convertidos en adultos asustados que compráis lo que os ordenan y trabajáis duro para poder comprarlo y obedecéis para poder trabajar, llenos de miedo al fracaso y sin haber entendido que ya habéis fracasado, que sólo sois un número en una estadística. Muchos plantáis árboles y cada árbol plantado os impide ver el bosque que el incendio calcina, todos los otros árboles que la tormenta arranca de cuajo, y a eso lo llamáis vivir.”

De “Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás” en

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, de Patricio Pron

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~ por juannicho en junio 13, 2010.

Una respuesta to “Los que no son comprendidos…”

  1. Es bueno, el cabrón… Ya hablaremos más de él…
    La novela anterior, de la que te hablaba, y que dicen que está muy bien es “El comienzo de la primavera”.
    Mira lo que dicen:
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/novela/europea/baile/disfraces/elpepuopi/20100527elpepiopi_4/Tes
    y sobre el libro de cuentos:
    http://www.elboomeran.com/blog-post/189/8480/javier-fernandez-de-castro/el-mundo-sin-las-personas-que-lo-afean-y-lo-arruinan/

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