Esas imborrables sonrisas patéticas

   “La despedida fue torpe. Amagué con besarla, pero ella se asustó, echándose hacia atrás, y me quedé a medio camino, inclinado, con cara de bobo, sonriendo una sonrisa blanda, de mandíbula caída, mansa, apestosa. Esa sonrisa, Vidor, me ha perseguido hasta ahora, ya de noche. Por la tarde, en la oficina, cada vez que me acordaba, hacía muecas frente a la pantalla del ordenador, muecas horribles, forzando la expresión hasta el límite, infligiéndome un daño singularmente placentero.

   Ahora estoy comiendo un sándwich de pollo y lechuga y, con cada bocado, apretando con fuerza la quijada, trato de destrozar ese recuerdo, de olvidarlo, de triturarlo, de vencer la vergüenza que me inspira. Y Leia, ¿qué pensará de mí? Porque todo se reduce a esa sonrisa.”

De Antón Mallick quiere ser feliz, Nicolás Casariego

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~ por juannicho en junio 17, 2010.

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