Decálogo lecto-pronista de aniquilación y nihilismo creativo

   “1. Deja de escribir. Piensa en la muerte de la novela y el estatuto particular del cuento. Lee a críticos franceses con nombres con muchas erres o mejor no leas nada en absoluto.

   2. Murmura “Dios mío” cada vez que ella te diga algo.

   3. Déjate la camiseta puesta más de una semana cada vez.

   4. Dile: “No lo entenderías” cuando ella te pregunte por qué ya no escribes.

   5. Simula fastidio cuando te hable de otros escritores; dile que A es una fulana y B, maricón, que C sólo ganó ese premio porque se acostó con los jurados y que D escribe con el culo. Pon cara de que sabes de qué hablas. Finge que te sientes mejor con eso.

   6. Pregúntale si sabe quién es Laurence Sterne. Déjale claro que “todo el mundo” sabe quién es Laurence Sterne.

   7. Dedícate a pensar venganzas contra antiguos editores tuyos y críticos. Monta una editorial fantasma, contrata a gente, sacándola de sus puestos en otras editoriales mucho más importantes prometiéndoles todo lo que te pidan, y luego desaparece dejándolos tirados. O monta una editorial, corrompe a todos los críticos para escribir reseñas elogiosas de los libros que publicas y luego, un par de años después, cuéntalo mencionando todos los nombres. O monta una editorial en la que publiques libros de autores conocidos que acepten publicar con pseudónimo para que la recepción crítica de su obra, que por fuerza será negativa, pueda ser impugnada cuando hagas público el verdadero nombre del autor. O soborna a algún escritor famoso pero necesitado de dinero para que un libro de otro se publique con su nombre y luego, tras las críticas, que por fuerza serán positivas, cuéntalo. No descartes la violencia física contra ellos aunque peses cincuenta y cinco kilos.

   8. Desaparece, piérdete completamente de vista. Que no te reconozcan ni tu perro ni tu puta madre.

   9. Viaja a una ciudad cualquiera. Mira lo que pasa por allí. Déjate pegar por cabezas rapadas. Siéntete una mierda.

   10. Escribe de nuevo, esta vez haciéndolo simple y rápido, como las estadísticas. No pienses, o piensa en un final de ésos, con una carretera hasta el horizonte y el sol cayendo en él y el muchachito volviendo a casa. Sobre todo no pienses en la muerte de la novela y el estatuto particular del cuento. De ésos, ni una palabra.”

Final de “El estatuto particular”, relato de El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, de Patricio Pron

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~ por juannicho en junio 23, 2010.

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