Presagios funestos de la vieja Roma

   “CALPURNIA: ¡César, jamás reparé en presagios, pero ahora me asustan! Cuenta uno ahí dentro que, aparte las cosas que hemos visto y oído, los guardias han presenciado prodigios horrendos. ¡Una leona ha parido en medio de la calle, y las tumbas se han entreabierto y vomitado a sus difuntos! ¡Guerreros feroces combatían encolerizados entre las nubes en fila y escuadrones y en exacta formación militar, haciendo lloviznar sangre sobre el Capitolio! ¡El fragor de la lucha atronaba los aires, y se oía el relinchar de los caballos, y el estertor de los moribundos, y los gritos y alaridos que daban en las calles los espectros! ¡Oh, César! ¡Estas cosas son inusitadas y me infunden pavor!

   CÉSAR: ¿Cómo puede evitarse que se cumpla lo que hayan dispuesto los altos dioses? No obstante, César saldrá, pues esas predicciones lo mismo se dirigen al mundo en general que a César.

   CALPURNIA: Cuando muere un mendigo no aparecen cometas. La muerte de los príncipes inflama a los propios cielos.

   CÉSAR: ¡Los cobardes mueren varias veces antes de expirar! ¡El valiente nunca saborea la muerte sino una vez! ¡De todas las maravillas que he oído, la que mayor asombro me causa es que los hombres tengan miedo! ¡Visto que la muerte es un fin necesario, cuando haya de venir, vendrá!”

[Lo matan, claro]

   [Neniae. Cantos fúnebres o lamentaciones ante la muerte pronunciadas por un familiar del muerto.]

   “CASIO: (…) Sabéis que tuve en gran aprecio a Epicuro y su doctrina. ¡Ahora cambié de pensamiento, y me inclino a creer en los presagios! Viniendo de Sardis, sobre la enseña de nuestra vanguardia se cernieron dos águilas magníficas y allí se posaron, alimentándose y cebándose de manos de nuestros soldados, las cuales nos sirvieron de escolta hasta aquí a Filipos. ¡Esta mañana volaron y desaparecieron! Y, en su lugar, cuervos, buitres y milanos revolotean sobre nuestras cabezas, mirando abajo como si fuéramos presa agonizante. ¡Sus sombras semejan al más funesto dosel, bajo el cual se cobijan nuestros ejércitos, prontos a entregar su alma!”

[También lo matan, claro]

Ambos fragmentos son de Julio César, de William Shakespeare

Anuncios

~ por juannicho en julio 3, 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: