El gran dios Pan no ha muerto

   “Como explicaba Mircea Eliade, un mito requiere personajes sobrenaturales, a quienes los humanos puedan observar con temor reverencial. Y cuando Barrie bautizó a su criatura, ya estaba otorgándole unas dimensiones mitológicas evidentes. Peter Pan clama la mortalidad de los hombres con su primer nombre y la inmortalidad de los dioses con el segundo. Originario de Arcadia, Pan es la deidad de pastores y rebaños. Se le representa como un espíritu, mitad cabra mitad hombre, con una flauta de lengúeta, un cayado y una corona de hojas de pino. Pan tiene el don del ingenio mental y la agilidad física. Así, amante de la naturaleza, su mayor diversión es corretear por los bosques solitarios sin que nadie lo moleste. A pesar de disfrutar de la soledad, a Pan le gusta la compañía, la música, el baile, el desenfreno (de ahí la palabra “pánico”) y sobre todo, el sexo. Este dios, a diferencia de su posterior tocayo, tiene una ardiente reputación -e incluso es famoso por entregarse a los placeres solitarios una vez que se frustran sus persecuciones a ninfas y chicos-. Para Ovidio, Pan representa la masculinidad brutal de la precivilización. Y según un un himno homérico, su padre, Hermes, le llama así porque hace feliz a todo aquel que lo rodea (en griego, Pan significa “todo”).

   Los atributos de Pan van cambiando según las épocas. Así, durante el Romanticismo es sobre todo símbolo de la naturaleza, y a finales del siglo XIX, metáfora de la juventud y vitalidad de su tiempo. En 1886, el poeta irlandés W. B. Yeats escribía The stolen child (El niño robado), una reinterpretación del Pan de la antigüedad y una historia parecida a la que no mucho tiempo después, contaría Barrie. El estribillo del poema dice así:

¡Vete, oh niño humano!

A las aguas y a la naturaleza

Con un hada de la mano

Pues en el mundo hay muchas más lágrimas de las que puedas imaginar.

   El tercer capítulo de Peter y Wendy se titula “Come away, come away!” (como el primer verso de la estrofa) y hace alusión a los hechizos del país de las hadas, sugiriendo que Peter podría ser un ladrón de niños y el cuento de que los salva de los carritos, una de sus mentiras. Peter Pan se parece a las hadas sobre las que escribe Yeats, seductoras y malévolamente atractivas, imposibles de rechazar.

   En los jardines de Kensington, Peter estaba más cerca de su antepasado mitológico: tenía una cabra, tocaba la flauta y no buscaba solamente a una madre en las figuras femeninas. Además, también se mostraba vinculado al Romanticismo en su afán de dormir arropado en un billete de cinco libras que había pertenecido al poeta Percy B. Shelley. En las versiones posteriores del personaje, Peter fomentará otros rasgos del dios ancestral, como su pasión por el liderazgo, su espíritu aventurero y el deseo que suscita en los demás -relacionado con esa capacidad de bienestar que le concedía Ovidio- y también con la catastrófica fascinación que le atribuye Yeats.

   En realidad -establece el crítico Angus Stewart- Pan siempre estuvo allí, y Peter Pan, en cuanto a sus raíces míticas se refiere, también. La posterior adición del capitán Garfio (recordemos que no aparecía en las Fairy Notes) explica que nunca conozcamos la razón por la que vive en el País  de Nunca Jamás: si es por exilio o por elección. Garfio, como antagonista, no posee unos antecedentes tan marcados, pero el vil gancho que le acompaña era uno de los atributos del dios Pan, que lo utilizaba para pastorear a sus rebaños… algo que vuelve a sugerirnos el desdoblamiento del personaje.

   Las americanas Donna White y Anita Tarr se muestran más escépticas en cuanto a las dimensiones mitológicas del joven. Según ellas, Peter se llama Pan por su asociación a la “panto” (pantomima) y Garfio lo odia no por nada en concreto, sino porque así lo dictaminaban las normas del género inspirado en la comedia dell’arte. Garfio es el equivalente a Pantalone (el hombre perverso), que perseguirá incansablemente a Arlequín (el joven payaso) pase lo que pase. No hay más misterio: así era la pantomima de la época y punto.”

De Todos crecen menos Peter. La creación del mito de Peter Pan por J. M. Barrie, Silvia Herreros de Tejada

   [Podría ser, pero yo no lo creo. Me inclino por la primera hipótesis, la del Peter Pan – Pan… ¿Y tú? Ya sé que la vida es bastante gratuita y que no hay en realidad demasiadas diferencias entre los avatares de un dios y los de un arlequín, pero… Pan siempre fue un dios extraño, que permanecía al margen de las tribulaciones de los hombres y de los mismos dioses. Como entregado al disfrute de su permanente aventura caprina y de una ebriedad fabulosa. Muy del estilo de Peter Pan, que sería el sátiro en horario infantil o con el interés vital fijado en coordenadas más abstractas como es el Tiempo y la eterna juventud… Pero cada uno a lo suyo. Y ambos con ese aire de tragedia tan involuntaria como inevitable: Peter atrapado en un bucle de soledad y Pan en los labios de un marineno que va gritando hacia las costas por las que pasa: “¡El dios Pan ha muerto, el gran dios Pan ha muerto!”Pero yo no creo que haya muerto y ni siquiera que esté más solo que los demás… Creo que si nos fijáramos bien, nos llevaríamos más de una sorpresa.]

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~ por juannicho en julio 20, 2010.

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