¿Qué hacer con la enfermedad?

   “En el creador no hay que entender la enfermedad como un elemento extraño a su genio, como el huésped indeseable… Adquiere un significado existencial. Hace de tal o cual vida una experiencia en el límite de la condición humana. La enfermedad no es solamente decaimiento, privación de ciertas posibilidades personales; también abre nuevas posibilidades. Pone condiciones; formula exigencias. Revela las profundidades del ser, ciertas palabras clave de la vida. Así lo que en principio parecía un obstáculo, una mutilación, se ha transformado por la gracia del genio en un punto de partida, en invitación a la aventura creadora. El ciego Milton, como antaño el ciego Homero, llevaron a cabo su obra de videntes. De su sordera, Beethoven arranca maravillosas fiestas para el gozo de quien las oiga… Aquel cuyo pensamiento, decía Nietzsche, ha cruzado el puente una sola vez, no vuelve sin un estigma en todos sus pensamientos.”

Georges Gusdorf, prefacio a la Aurelia de Gerard de Nerval

"La llamada", Remedios Varo

    [Toda ella de fuego como lo eran las hijas del fuego de Nerval. Esta noche en mis sueños pude ver a tres personas ardiendo frente a mí, atadas a un poste. Lo único que pregunté fue por qué no podía oír sus gritos. Era lo que más me extrañaba. Esa serenidad dentro de las llamas. Cuando estuve tan enfermo también pensaba que no podía gritar y que aunque lo hiciera nadie me escucharía. He vuelto de esa enfermedad absurda y letal sin más sabiduría que una precariedad elemental de todo lo físico y una conciencia extremadamente dilatada de la soledad. Pero sí que pude vislumbrar esa intuición de la que habla este texto de arriba: esas palabras mágicas que sólo dicta la fiebre, la desesperación y el abandono.

   Ahora que estoy leyendo “El desierto de los tártaros” de Dino Buzzati, esta historia maravillosa en la que de momento su protagonista, el teniente Drogo destinado a la lejana Fortaleza, ha empezado a sentir los efectos magnéticos de la costumbre o de una extraña paz que le lleva a no poder marcharse de allí, ahora, decía, que voy viendo cómo puede quedar uno atrapado en el marasmo de unos hábitos, de una languidez de cuerpo y alma… recuerdo a Hans Castorp al poco de llegar al balneario en su “Montaña mágica”. Tampoco tardó mucho en no querer salir de ese lugar, en este caso, de ese sanatorio para tísicos o tuberculosos al que había acudido de visita. Muy pronto empieza a sintonizar con la frecuencia de ese lugar apartado de la vida vulgar y normal, ese misterioso cónclave mágico de almas enfermas que comparten una misma sabiduría de la vida y de la muerte. Eso he recordado cuando pensaba en lo difícil que es entenderse a uno mismo. Eso pensaba cuando escuchaba los resquicios de un silencio tan diferente, quizá enfermizo, puede que voces vueltas del revés, conversaciones en negativo, el resplandor de unos sonidos que se apagaron no hace mucho.

   No sé cuál es esa llamada de fuego de Remedios Varo, o cuáles las formas del fuego de que hablaba Ingeborg Bachmann antes de morir entre las llamas de su propia cama (quizá gritando, quizá en silencio)… No sé si la enfermedad nos inspira o nos condena. Sólo sé que debemos coger aire, mucho, mucho, mucho aire…]

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~ por juannicho en agosto 8, 2010.

Una respuesta to “¿Qué hacer con la enfermedad?”

  1. … y respirar, sí, todavía respiro aunque no sé por qué, la vida es un chasquido y a veces hay que morir, sí, sigo respirando aunque no sabría decir, intento no perder el aliento aunque las cosas bonitas se estén yendo al infierno. (Más o menos de David Bowie)

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