Poema demoledor de Raquel Bluvstein

 

Tardó en llegar, y al hacerlo, no se atrevió,

no se atrevió a gritar: ¡aquí estoy! llamando a las puertas del corazón;

como una pordiosera se presentó, sus manos silenciosamente tendía,

y triste era su mirada, suplicante, sumisa: triste.

 

Por eso son pálidas las velas que encendí en su honor,

como los últimos resplandores que matizan las sombras del otoño;

y por eso es silenciosa mi alegría, silenciosa, vacilante, lánguida,

como la aflicción por una esperanza perdida, como la tristeza de una espera vana.

 

Jerusalén, 5683 (1922-23)

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~ por juannicho en agosto 16, 2010.

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