El destino de los cuervos (II). El pájaro pintado

   [Tenía muchísimas ganas de poner aquí este texto porque recuerdo que cuando lo leí, hará ya bastantes años, me dejó profundamente marcado, y me enseñó varias cosas que luego me han servido de mucho en diversos aconteceres de mi tortuosa vida cotidiana…

   Hablaba antes del destino fatal de los cuervos por mor de su inclusión dentro del grupo de los así llamados “animales maléficos” o, cuando menos, pertenecientes al ámbito de la oscuridad y su mundo conflictivamente enredado de presencias y símbolos negativos.

   Uno de los rasgos que aparecían como determinantes para esta catalogación cenicienta del precioso cuervo fue, sin duda, la de su color cetrino y negro como la pez. Esto, unido a su sonido y algunas de sus costumbres lo relegaron al panteón de los seres vivos cargados de maldiciones. Y eso a pesar de su demostrada, y nada usual, inteligencia:]

   “(…)  La historia de Betty comienza con un experimento dirigido por el jefe del laboratorio Alex Kacelnik, Alex A.S. Weir and Jackie Campbell, también de Oxford. El equipo deseaba saber si Betty y un viejo macho bravucón llamado Abel, podrían escoger la herramienta correcta para una tarea, en el caso de presentárseles la opción. El trabajo consistía en arrebatar un pedazo de carne de un tubo utilizando un gancho de alambre. Las cuervos tenían que elegir entre un alambre recto o uno curvo.

   Los cuervos, las cornejas y los arrendajos, conocidos como cóvidos, constituyen una familia de aves especialmente inteligentes. Los cuervos de Nueva Caledonia en las áreas naturales de Nueva Zelanda, son reconocidos como ávidos usuarios de artesanales herramientas, que van desde hojas, ramitas y plumas, que emplean para atrapar a su presa. Kacelnik deseaba saber si esta capacidad era transferible dentro del laboratorio con objetos manufacturados. Totalmente seguros, Betty y Abel eligieron el alambre con forma de gancho y arrebataron la carne sin ningún problema.

   Pero he aquí la objeción. Durante el experimento Abel, el más grande y dominante, robó el gancho de Betty, dejándole sólo el alambre recto para conseguir su carne. No se suponía que esto sucediera.En lugar de darse por vencida, ella tomó el alambre, encajó la punta en una hendidura y la dobló con su pico para producir un ancho igual al que le había sido robado”, dice Kacelnik. “Betty procedió luego a obtener la comida. El equipo completo comprendió inmediamente que esto era algo inusual y totalmente excepcional”. 

   Para asegurarse que esto no fuera un truco, los investigadores preparon un experimento con Betty, en el que se usaron sólo alambres rectos. Nueve de cada diez veces, ella fabricó su gancho y arrebató su comida.Mejor aún, Betty empleó diferentes metódos para modelar los alambres, utilizando a veces varias huecos donde acuñarlos y, otras parándose en uno de los extremos y doblando el otro con el pico.

   Kacelnik dice que los investigadores no intentaron el experimento con Abel. Los machos dominantes ponen en juego estrategias con mayor eficiencia, aunque tal vez de forma menos inteligente. Esperan hasta que el trabajo esté hecho y roban la comida de sus subordinados. 

   ¿Qué significa todo esto? (…)”

    [Pues significa que, como se lee en esta noticia incluida en www.conciencia-animal.cl las cosas son muy diferentes de lo que parecen. Y desde luego, de la actitud de los cuervos, de los listos y de los aprovechados, hay muchas enseñanzas que extraer. Pero yo estaba hablando de su color, que les convierte en abiertamente sospechosos de hábitos dañinos y enigmáticos.

   Pero para los cuervos esto no es así. Según su punto de vista, ser un cuervo negro es lo más lógico y bueno que puede uno adivinar de las cosas de la naturaleza. Por ello, cuando se trastoca la habitual y consensuada escala de valores y apariencias de una comunidad, ocurre algo muy particular y horripilante que va a ser aquí narrado.

   Lo cuenta Thomas Szasz, el gran psiquiatra, filósofo y pensador libre. Se basa en una novela que yo también había leído hacía muchos años y que llegó a impactarme con una fuerza tremenda. Se trataba de la obra de J. Kosinski, El pájaro pintado, y a través de ella, de la aparente parábola ornitológica, llegábamos a darnos cuenta de una realidad apabullante. Pero dejemos que sea Thomas Szasz quien, en el epílogo de su absolutamente genial libro La fabricación de la locura, dedica un par de páginas a contarnos la historia y su reflexión a propósito de ella. Ahí va:]

 

 

“EL PÁJARO PINTADO”

   “Para el hombre de criterio, estar solo y estar equivocado son una misma y única cosa…”

Jean Paul Sartre

   El tema que da unidad a este libro (…) es la idea de la víctima propiciatoria y su función en el metabolismo moral de la sociedad. En particular he intentado mostrar que el hombre social teme al Otro e intenta destruirlo; pero que paradójicamente necesita a este Otro y, si es necesario, lo crea, para que -al invalidarlo como malo- pueda confirmarse a sí mismo como bueno. Estas ideas son transmitidas con habilidad artística consumada por Jerzy Kosinski en su extraordinario libro El pajaro pintado. El título alude a este mismo tema: “El Pájaro Pintado” es el símbolo del Otro perseguido, de “El Hombre Manchado”.

   La historia es un cuento desazonador que nos narra lo que le sucede a un muchacho de seis años “de una gran ciudad de la Europa oriental (que) durante las primeras semanas de la Segunda Guerra Mundial… fue enviado por sus padres, al igual que miles de otros niños, a una aldea distante en busca de seguridad”. Para proteger a su hijo de las ruinas de la guerra en la capital, sus padres, pertenecientes a la clase media, lo confían al cuidado de una mujer campesina. Al cabo de dos meses de su llegada, ésta muere. Los padres no lo saben y el niño no tiene medios a su alcance para ponerse en contacto con ellos. Se encuentra a la deriva en un océano de humanidad a veces indiferente, a menudo hostil y pocas veces protectora.

   Durante sus peregrinaciones a través de la campiña de la destrozada Polonia, el niño vive durante cierto tiempo bajo la protección de Lekh, joven de recia complexión, solitario pero honrado, que se gana la vida como trampero. Es este episodio el que de modo tan conmovedor expresa el tema de que para la tribu el Otro es un extraño peligroso, el miembro de una especie hostil que debe ser destruida.

   Lekh ama a una mujer, Ludmila, con la que sostiene apasionadas relaciones sexuales. Ludmila había sido violada cuando era una niña adolescente y en el momento en que la encontramos, está loca de deseo sexual. Los granjeros  la llaman “la estúpida Ludmila”. El episodio que nos interesa acontece tras un período de separación entre Lekh y Ludmila. Lo transcribiré íntegro.

   “A veces pasaban los días y la Estúpida Ludmila no aparecía por el bosque. Entonces Lekh se sentía poseído por una rabia sorda. Contemplaba  solamente a los pájaros enjaulados, murmurando algo para sí. Por fin, tras prolongado examen, escogía el pájaro más fuerte, lo ataba a su muñeca y preparaba pinturas malolientes de diversos colores, que él componía a partir de los más variados elementos. Cuando los colores le satisfacían, ponía al pájaro boca arriba y pintaba  sus alas, cabeza y pecho con los colores del arcoiris, hasta que quedaba más vívido y moteado que un ramillete de flores silvestres.

   Después, nos adentrábamos en la espesura. Una vez allí, Lekh cogía el pájaro pintado y me mandaba sujetarlo con mis manos presionándolo ligeramente. El ave empezaba a gorjear y a llamar a una bandada de su misma especie, que volaba nerviosamente sobre nuestras cabezas. Nuestro prisionero, al oírlos, luchaba por ir hacia ellos, cantando más fuerte y con el corazón batiendo violentamente encerrado en su pecho recién pintado.

   Una vez reunido un número suficiente de pájaros sobre nuestras cabezas, Lekh me hacía una señal para que soltara al prisionero. Este se remontaba libre y feliz, como una mancha de arcoiris destacando sobre el fondo de nubes y se zambullía entre la bandada que le estaba esperando. Durante unos instantes, los pájaros permanecían confundidos. El pájaro pintado daba vueltas de un extremo al otro de la bandada, intentando convencer a su tribu de que era uno de ellos. Pero, desconcertados por sus brillantes colores, volaban a su alrededor sin convencerse. El pájaro pintado era rechazado cada vez más lejos, a pesar de sus intentos de penetrar en las filas de sus congéneres. Poco después veíamos cómo uno tras otro los pájaros se lanzaban a un ataque encarnizado. Muy pronto aquella forma de mil colores desaparecía del cielo y caía sobre la tierra. Estos incidentes sucedían a menudo. Cuando finalmente encontrábamos los pájaros pintados, solían estar muertos. Lekh examinaba atentamente el número de heridas que habían recibido. La sangre fluía por sus alas coloreadas, diluyendo la pintura y manchando las manos de Lekh.”

   Sin embargo, la Estúpida Ludmila no regresa. Para desahogar su cólera frustrada, Lekh prepara otro sacrificio. Veamos cómo lo describe Kosinski:

   “Cierto día atrapó un enorme cuervo, cuyas alas pintó de rojo, el pecho de verde y la cola de azul. Cuando apareció sobre nuestra cabaña una bandada de cuervos, Lekh liberó al pájaro pintado. Tan pronto como se unió a sus compañeros, dio comienzo una batalla desesperada. El ave transformada se vio atacada por todos lados. Plumas negras, rojas, verdes y azules empezaron a caer a nuestros pies. Los cuervos revoloteaban frenéticos en el cielo y repentinamente el cuervo pintado cayó pesadamente sobre la tierra recién arada. Aún estaba vivo, abría el pico e intentaba en vano mover sus alas. Sus ojos le habían sido arrancados a picotazos y sobre sus plumas pintadas manaba sangre fresca. Hizo un nuevo intento por levantarse de la tierra pegajosa, pero ya no le quedaban fuerzas.”

   El Pájaro Pintado es el símbolo perfecto del Otro, del Extraño, de la Víctima Propiciatoria. Con maestría inimitable, Kosinski nos muestra las dos caras del fenómeno: si el Otro se diferencia de los miembros del rebaño, es arrojado fuera del grupo y destruido; si es igual a ellos, interviene el hombre y le hace aparecer distinto, a fin de que pueda ser expulsado y destruido. Del mismo modo que Lekh pinta a su cuervo, los psiquiatras cambian el color de sus pacientes y la sociedad, globalmente considerada, mancha a sus ciudadanos. Esta es la gran tragedia de la discriminación, de la invalidación y de la creación de víctimas propiciatorias. El hombre busca, crea e imputa diferencias para alienar mejor al Otro. Al expulsar al Otro, el Hombre Justo se enaltece a sí mismo y desahoga su ira frustrada de una manera que sus semejantes aprueban. Para el hombre, animal de rebaño, igual que para sus antepasados no-humanos, la seguridad radica en la similitud. Por esto la conformidad es buena y la divergencia es mala. Emerson lo comprendió muy bien. “En todas partes la sociedad conspira contra la virilidad de cada uno de sus miembros” -advirtió-. “La virtud, la mayor parte de las veces, es conformidad. La autoconfianza es su contrario.”

   Quienquiera que aprecie la libertad individual, la diversidad humana y el respeto a las personas, no puede evitar sentir desaliento ante tal espectáculo. Para quien crea, como yo, que el médico debería ser un protector del individuo, hasta cuando éste entra en conflicto con la sociedad, resulta especialmente descorazonador que, en nuestros días, el pintar pájaros se haya convertido en una actividad médica aceptada y que, entre los colores aceptados, los diagnósticos psiquiátricos sean los que están más de moda.

Epílogo de La fabricación de la locura, Thomas S. Szasz

   [Así es. No puede evitarse el sentir pena ante semejantes ejércitos de pintamonas que llenan el cuerpo y el alma de todos aquellos que son diferentes con dianas pintadas para que el grueso de la masa dispare sus ataques cotidianos. Y es algo que ocurre en muchos más ámbitos que en el de la enfermedad. La familia, los círculos de amigos, los entornos afectivos, los laborales… En cada rincón del mundo surge cada día la terrible tentación de coger el camino más fácil y más mezquino y colaborar en la creación de una nueva víctima propiciatoria, un nuevo chivo expiatorio que ofrecer en los rituales de sacrificios violentos que ocurren cada día al lado nuestro sin que ni siquiera nos demos cuenta…

   Acabo con este precioso corto en el que son los mismos cuervos los que, precisamente, aceptan su destino pictórico, por solidaridad con uno de los Otros más Otro del mundo entero.]

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~ por juannicho en agosto 22, 2010.

5 comentarios to “El destino de los cuervos (II). El pájaro pintado”

  1. joder que bueno

  2. Cojonudas las últimas entradas… Me han hecho pasar este día de horrendo calor de una manera más amable.

  3. VAYA AMIGOME ATRAPASTE CON ESTAS HISTORIAS QUE MARAVILLOSO MENSAJE CONTIENEN ¡QUE LECCIONES! QUE CRUDA REALIDAD
    OYE PERO SOBRE TODO ES UNA RADIOGRAFIA DE ALTA RESOLUCIÓN DEL COMPORTAMIENTO HUMANO, SABES CREO QUE YO TAMBIEN HE PINTADO ALGUNOS CUERVOS Y TU NO?

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