Después del desastre

   [Y si piensas que no se puede ir más allá, te das cuenta de que sí, de que aún queda mucho sitio libre en el autobús, pasen al fondo, señores, por favor, no se me amontonen en la entrada… Si te da por pensar que ya está bien, que no puede ser que se estiren tanto los problemas, que se llenen de tantos matices las complicaciones y que no haya forma de que dé el sol en la habitación del fondo de la casa… Y sin embargo tú recuerdas que alguna vez… sí, quizá hace ya tiempo llegó a desparramarse generoso un rayito de luz por entre esas tinieblas. Pero lo que es ahora, te das cuenta que ésta es la época de las falsas alarmas, de las salidas en falso, de las certezas erradas…

   Y no obstante, todo parecía indicar que esta vez sí, que ahora sí que iba a abrir la llave esa vieja puerta de la habitación del fondo del pasillo. Pero, será por el calor o por cualquier otra cosa, el hecho cierto es que las cosas no se mueven, no hay manera de que la enredadera crezca hacia otro sitio que no sea el cuello…

   La última noche, que por cierto era la de mi cumpleaños, intenté vencer un maleficio que ya estaba durando demasiado. Demasiado tiempo a merced de una tremenda inconsecuencia. En fin. Lo cierto es que la noche empezó bien, pero como en una entrega programada a la misma escena condenada, al mismo momento repetido en todos los modos y formas posibles, allí apareció de nuevo el sinsentido y la tremenda cabezonería del hábito remedado, de los rituales absurdos a unos dioses que se sabe bien no están ahí.

   Y ya estoy harto, harto de tanta desconsideración y tormento.

   Así que hoy desperté con esta sensación vertiginosa de “intensidad y altura”, que decía César Vallejo. Con la sorpresa añadida de que, al releer este poema que volvía a mí por la caída brusca de la temperatura del ánimo, me doy cuenta de que termina con la presencia de estos viejos y nuevos amigos voladores que me acompañan aquí en los últimos escritos. Agradezco el guiño y trato de leer en la córvida presencia del último verso una señal favorable…]

   De César Vallejo, Intensidad y altura:

 

Quiero escribir, pero me sale espuma,

quiero decir muchísimo y me atollo;

no hay cifra hablada que no sea suma,

no hay pirámide escrita, sin cogollo.

 

Quiero escribir, pero me siento puma;

quiero laurearme, pero me encebollo.

No hay toz hablada, que no llegue a bruma,

no hay dios, ni hijo de dios, sin desarrollo.

 

Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,

carne de llanto, fruta de gemido,

nuestra alma melancólica en conserva.

¡Vámonos! ¡Vámonos! Estoy herido;

¡Vámonos! ¡Vámonos! Estoy herido;

Vámonos a beber lo ya bebido,

vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

Intensidad y altura, César Vallejo

 

"because to stay is to be nowhere", Herbert Pfostl

 

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~ por juannicho en agosto 24, 2010.

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