Segundo parto en la mina de cobre

   [Hay veces que, sin saber muy bien por qué, te das cuenta de que determinados libros actúan como balizas y señales durante un tiempo concreto muy breve. Sobre todo sucede con los de poesía, y especialmente con Raquel Bluvstein y César Vallejo.

   Ahora mismo hay 33 mineros enterrados con vida en las profundidades de una galería derrumbada en Chile, si no me equivoco. Al parecer, se tardará varios meses en sacarles de allá, aunque ellos ya se han organizado de un modo ejemplar y perfecto. Haciendo más fácil la supervivencia que la vida misma.

   Recuerdo a los marineros del Kursk, ahí abajo, respirando las últimas burbujas de aire en el fondo del mar ártico. Es una imagen mental que siempre me pareció terrible y que se me activa de vez en cuando en formas diversas. La realidad extrema vivida en esas horas de preparación violenta para la muerte. Aunque en su caso fueran sacrificados por un presidente demente.

   De estos rituales de ejecuciones colectivas parecen estar escapando estos mineros chilenos en sus minas de ¿cobalto?, sus profundas minas de cobalto, hierro, cobre y audacia. No estará de más que, con César Vallejo, les transmitamos algo de nuestra energía mental a distancia, para que pronto alguien pueda decir este poema con las imágenes de este segundo e insólito parto de la tierra.]

 

LOS MINEROS SALIERON DE LA MINA

 

Los mineros salieron de la mina

remontando sus ruinas venideras,

fajaron su salud con estampidos

y, elaborando su función mental,

cerraron con sus voces

el socavón, en forma de síntoma profundo.

 

¡Era de ver sus polvos corrosivos!

¡Era de oír sus óxidos de altura!

Cuñas de boca, yunque de boca, aparatos de boca

                                                     (¡Es formidable!)

 

El origen de sus túmulos,

sus inducciones plásticas, sus respuestas corales,

agolpáronse al pie de ígneos percances

y airente amarillura conocieron los trístidos y tristes,

imbuidos

del metal que se acaba, del metaloide pálido y pequeño.

 

Craneados de labor,

y calzados de cuero de vizcacha,

calzados de senderos infinitos,

y los ojos de físico llorar,

creadores de la profundidad,

saben, a cielo intermitente de escalera,

bajar mirando para arriba,

saben subir mirando para abajo.

 

¡Loor al antiguo juego de su naturaleza,

a sus insomnes órganos, a su saliva rústica!

¡Temple, filo y punta, a sus pestañas!

¡Crezcan la yerba, el liquen y la rana en sus adverbios!

¡Felpa de hierro a sus nupciales sábanas!

¡Mujeres hasta abajo, sus mujeres!

¡Mucha felicidad para los suyos!

¡Son algo portentoso, los mineros

remontando sus ruinas venideras,

elaborando su función mental

y abriendo con sus voces

el socavón, en forma de síntoma profundo!

¡Loor a su naturaleza amarillenta,

a su linterna mágica,

a sus cubos y rombos, a sus percances plásticos,

a sus ojazos de seis nervios ópticos

y a sus hijos que juegan en la iglesia

y a sus tácitos padres infantiles!

¡Salud, oh creadores de la profundidad! …

                   (¡Es formidable!)

 

César Vallejo

 

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~ por juannicho en agosto 25, 2010.

Una respuesta to “Segundo parto en la mina de cobre”

  1. Los tengo presentes.

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