Las puertas del infierno (cuando éramos demonios)

   [Cuando vi la cuarta parte de la película Hellraiser, en la que se intenta hacer desaparecer por fin a esa congregación de demonios, los cenobitas (curiosa elección de palabra), dados a una praxis exquisita del dolor y el sufrimiento… me quedé profundamente reflexivo. Recordé al protagonista de La perra de Alejandría olvidándose de cerrar a la salida las puertas del Averno y provocando una estampida general de muertos por la ciudad… Pero ante todo pensé en si esa idea magistral y antiquísima de abrir y cerrar peligrosa y accidentalmente las puertas del infierno, no rige de alguna manera la historia de nuestros actos. Todo lo que nos ocurre pasa por esas diversas conformaciones del contraste y exposición contínua de los elementos a las alternancias de la luz y la oscuridad. Puede que se tienda a llamarlo combate, pero yo creo que es más bien una irremediabilidad cósmica.

   Lo que más me inquieta es saber si nuestra falta de conciencia sobre la existencia de estas confrontaciones no acaba debilitando nuestras resistencias y dañando, por tantro, todas las posibilidades de obtener enseñanza alguna de ambos lados, es decir, de los accidentados frutos de la vía de la mano derecha como de la vía de la mano izquierda, doblemente accidentados por su misma naturaleza.

   En esta saga fílmica, los demonios aparecen cuando, sea por error o por voluntad, son convocados… más bien: invocados. Y todo es muy llamativo y el desgarramiento de las carnes toma una preponderancia evidente sobre cualesquiera otros sufrimientos a los que el alma pudiera ser sensible. Lo que me preocupa es que a veces, en los guiones de las películas más fantasiosas, algunos humanos especialmente sensitivos no estén plasmando una versión más escandalosa de los pequeños sucesos que bien pueden estar sucediendo en otros planos menos llamativos de la existencia.

   En ocasiones uno siente estar siendo ofrecido en sacrificio al trabajo elaborado y minucioso de un demonio en concreto, que se toma su tiempo para calibrar e ir aumentando progresivamente las dosis del sufrimiento con una modulación perfecta del dolor. En otras, es uno mismo el que se siente utilizado por otro demonio para haber llevado a cabo otra labor de destrucción más o menos compleja. De ahí esa sensación de extrañamiento cuando uno sale de determinados episodios en los que no comprende bien el por qué de determinadas acciones llevadas a cabo por uno mismo, a sabiendas de que no está escurriendo el bulto de la responsabilidad, sino que, por mucho que lo meditara no hallaría en su consciente o inconsciente motivos adecuados para haber llevado a cabo ese acto y de esa manera concreta. Otras veces, es la actuación de grupos humanos enteros la que parece guiada por una apertura brutal e inesperada de algún portal del infierno. Incluso, de grandes portalones por los que masas enfurecidas han echado a correr ignorantes de sus actos.

   Sé que esto no tiene mucho sentido, pero a veces no me explico las cosas de una manera más razonable. No quiero creer que las personas actúen siempre guiadas por su corazón en todo momento, porque entonces las repercusiones de ese pensamiento serían incluso mucho más terribles y descorazonadoras…

   Quisiera, no obstante, que siempre fuera así. Que tuviéramos total y contínuo dominio de nuestras realidades en todas sus formas. Que no hubiera esos inmensos agujeros negros en nuestra relación con los demás que permiten que fluya el dolor y la presión incesable de los puntos más vulnerables.

   Los seres humanos somos capaces de todo, lo sé bien. La crueldad extrema y el amor desinteresado sólo son hitos, puntos que jalonan lugares concretos de la gradación de luces y sombras. Sólo me gutaría saber a ciencia cierta si existen los seres que influyen en nosotros de un modo en apariencia invisible o si no es así, si somos nosotros los únicos que abrimos y cerramos a nuestro antojo esas puertas chirriantes y oscuras del infierno.

   Está todo tan lleno de sombras…]

Pozo de las Ánimas (Mendoza)

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~ por juannicho en agosto 28, 2010.

Una respuesta to “Las puertas del infierno (cuando éramos demonios)”

  1. Amigo, haces un pregunta que el espiritismo te puede contestar: sí, existen estos seres que influyen en nosotros negativamente. “Esos demonios no son más que las almas de los hombres, perversas, que todavía no se han despojado de los instintos materiales. (El evangelio según el espiritismo, cap. XIII http://www.ceads.kardec.es/biblioteca/Pentateuco%20en%20Castellano/3%20Evangelio%20seg%FAn%20el%20espiritismo.pdf )

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