Experimentación bioterrorista y telepatía botánica

   “(…) Los experimentos de McConnell con platelmintos han demostrado que los gusanos originados a partir de animales seccionados habían conservado su memoria original. De ello se ha podido deducir que la memoria no ha de estar conectada necesariamente al cerebro; puede estar ubicada también en otras partes del cuerpo.

   Por consiguiente, es preciso que nos preguntemos si existe la posibilidad de que la consciencia pueda almacenarse en cualquier célula común del cuerpo. ¿Es posible que el espíritu consciente exista sin el cerebro?

   En el año 1968 el norteamericano Cleve Backster conmovió a la opinión pública con su afirmación de que también las plantas poseían una consciencia, y de que estaban capacitadas para recibir por vía telepática mensajes emanados por el hombre o por otros organismos animales.

   Está demostrado que las plantas no poseen cerebro.

   ¿Sería ésta una prueba de nuestra suposición? ¿Puede haber espíritu sin cerebro?

   Cleve Backster ha alcanzado fama en los Estados Unidos como especialista en detectores de mentiras. Cierto día tuvo la idea de colocar los electrodos de un detector de mentiras a un filodendro. A continuación regó la tierra del tiesto. El detector registró una reacción que Backster ya conocía de sus tests con seres humanos, por lo que pudo identificarla: excitada alegría.

   Ello le llevó a hacer ensayos por la vía contraria: se esforzó en causar miedo a la planta. Al principio no obtuvo éxito. Al filodendro no le pareció importar que Backster introdujera sus hojas en café, ni que le arrancara unos trozos. Por último, Backster tuvo la idea de quemar la planta.

   Hace ya años apareció en el mercado cinematográfico norteamericano una película de ciencia-ficción, en la que unos seres procedentes de otro mundo ocupan la Tierra. La lucha de los terrícolas contra los invasores parecía desesperada. Si bien los proyectiles producían agujeros en el cuerpo de los invasores, ello no les causaba el menor trastorno. Si se les cortaban los brazos o las piernas, éstas volvían a regenerarse. Estos seres de otro mundo no estaban formados por carne y sangre, sino por celulosa. Pero la celulosa es también el material constitutivo de las plantas. De esta forma, una ingeniosa ama de casa tuvo por fin la idea salvadora: las plantas son verduras, y a las verduras se las puede hervir. Chafados y escurridos como las espinacas, los enemigos mortales de la humanidad fueron sacados al final del hirviente vapor de agua al que habían sido llevados con una estratagema.

   En cuanto a las plantas de Cleve Backster, si bien no habían entrado nunca en contacto con el vapor de agua o el fuego, parecían conocer muy bien el peligro mortal que éstos significaban. El detector de mentiras pudo registrar pánico y desesperación cuando Backster tuvo la idea de acercar su mechero a la planta. Nótese bien: cuando Backster tuvo la idea, no cuando la llevó a la práctica. De alguna forma desconocida, las plantas lograron enterarse de lo que pasaba en el cerebro del hombre. Así, reaccionaron ante sus pensamientos, no ante sus actos.

   Pero, por lo visto, no sólo el hombre es capaz de emitir señales mentales inteligibles para las plantas. Backster construyó un dispositivo automático que dejaba caer camarones vivos en agua hirviente, incluso cuando no había nadie en la habitación. Los filodendros registraban el segundo de la muerte de los camarones con intensas reacciones afectivas.

   Por último se decidió asesinar a una planta.

   Un colaborador de Backster -ninguno de los participantes sabía quién era el elegido- fue encargado de destruir un filodendro en presencia de otro. A continuación entraron uno a uno todos los colaboradores en la habitación en la cual se encontraba el filodendro superviviente. En el instante preciso en que hizo su entrada el planticida, el detector de mentiras registró una fortísima reacción.

   La planta superviviente acusaba así al asesino.

   Diversas instituciones y científicos, entre ellos el físico norteamericano Marcel J. Vogel, están dedicados en la actualidad a comprobar los experimentos de Backster y a elaborar otros experimentos propios. Por lo tanto, todavía habrá de transcurrir algún tiempo antes de que sea posible encontrar una explicación a los fenómenos observados.

   De todas formas, posiblemente sería exagerado utilizar el término consciencia para aquello que pueda descubrirse en estos estudios. Debe tratarse más bien de la formación y el almacenamiento de moléculas de la memoria. Una situación de estímulo produce la activación del recuerdo, y de esta forma es despertado el contenido de la memoria. El hecho de que una planta sea capaz de todo ello, ya es bastante sorprendente; pero para ello no es preciso que se le suponga también una consciencia.

   Nos parece que la consciencia ha de ser algo que resida exclusivamente en el cerebro.

   Sólo aquí, en las misteriosas células nerviosas o neuronas, atravesadas por rayos eléctricos, nos podemos imaginar la sede de una personalidad intelectual.

   Aquí podría permanecer encarcelada dentro del cuerpo humano, sin que por otra parte haya de ser parte integrante de su materia orgánica.”

De El experimento Delpasse, James Bedford & Walt Kensington

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~ por juannicho en septiembre 3, 2010.

2 comentarios to “Experimentación bioterrorista y telepatía botánica”

  1. Es dificil que Marcel J Vogel este dedicado a nada en la actualidad ya que fallecio en 1991….

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