Dos poemas decapitados que se parecen y que me encantan

 

VERSOS AL HUÉRFANO

 

Pensando en otra cosa

sin encontrarla -como un tesoro-

amapola tras amapola

he decapitado todo el jardín.

 

Así, algún día, en el seco verano,

al filo del sembrado,

la muerte, como por distracción,

segará mi cabeza.

 

Marina Tsvietáieva, 5-6 de septiembre de 1936

 

   [Puede que cada poema busque un eco de sí mismo para cobrar más fuerza en el mundo de los versos, ese que sirve de crónica oculta y resplandeciente de las desgracias que vivimos los humanos en este planeta. O puede que, simplemente, a mí unas cosas me lleven a otras, como espero que lo hagan las corrientes y nebulosas del universo cuando me desencarne y pase a ser un viajero perdido de la oscuridad… Sea como sea, cuando leí los tres versos que ahora os voy a poner del pequeño poema del libro peculiar de Juan Ramón Jiménez, La muerte… enseguida vino Marina a mi cabeza con esa especie de pensamiento botánico sobre el traspaso definitivo. Y aunque esta traducción que tengo no es de la maravillosa Natalia Litvinova, una verdadera artista y poeta de varios mundos, sino de Lola Díaz, que tampoco lo hace nada mal, no puedo dejar de hacer constar estos pequeños dos planos poéticos para que los vivais como más os guste.]

 

Ven, ven, no me defiendo;

quiero facilitarte tu destino,

ven y corta, tranquila, mi cabeza.

 

Juan Ramón Jimenez

 

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~ por juannicho en septiembre 25, 2010.

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