A la deriva, a la deriva voy…

   [Ya, ya lo sé. Los extractos que os pongo de ese libro son algo cutres pero me parecen muy divertidos y al ser, por lo que parece, extraídos de la vida misma, me resultan altamente instructivos y edificantes. Además, ¿quién no ha pasado una racha de su vida completamente perdido a la deriva, con la sensación de estar a punto de encallar con una inminencia angustiosa, con unos prolegómenos de naufragio que se venían anunciando con el agua que entraba por todos los resquicios de la vida? ¿Quién no ha pensado en algún momento: “el barco no se hunde, pero tampoco flota”…? 

Nuestro hermoso barco aún a flote...

  Por ello, cuando leí la trágicómica y épica historia de este navío desastroso no pude evitar rememorar todos los momentos difíciles de una vida, que se amontonan en una especie de derrotero hacia la nada, de travesía catastrófica sin rumbo, de “balsa de la medusa” abarrotada, de no hay suficientes lanchas de salvamento, de esto se hunde y de sálvese quién pueda. Esa extraña sensación de ver desfilar las ratas de tu existencia ante ti en un estricto silencio, sin informarte de que la bodega de la embarcación ya está repleta de agua, de que poco vas a poder achicar con ese marchito y ajado sombrero de copa que llevas… Suena la lúgubre sirena del barco del holandés errante saludando a un compañero de fatigas, a un aprendiz de barco fantasma que, por supuesto, ya eres tú.]

El "Argo merchant" en apuros...

   “EL PEOR BARCO. Entre 1953, cuando fue construido, y 1976, cuando se hundió, el Argo Merchant, sufrió todas las formas conocidas de desastre marítimo.

   En 1967 el barco tardó seis meses en llegar de Japón a América. Chocó con un barcó japonés, se incendió tres veces y tuvo que atracar para hacer reparaciones cinco veces.

   En 1968 hubo un motín a bordo y en 1969 estuvo encallado en Borneo treinta y cuatro horas. En los cinco años siguientes tuvo una avería en Curaçao, se encalló en Sicilia y hubo que arrastrarlo en Nueva York.

   En 1976 se le rompieron las calderas seis veces y tuvo que navegar en una ocasión con dos luces rojas para indicar que la tripulación no podía hacerse cargo del rumbo del barco porque le fallaban el timón y la maquinaria. Fue rechazado en Filadelfia, Boston y el Canal de Panamá.

Tocado... y hundido. A pique...

   Para completar un año perfecto, encalló y acabó hudiéndose en Cape Cod soltando la mancha de petróleo más grande del país a las puertas de Massachusetts.

   Cuando encalló por última vez, el barco llevaba dieciocho horas “perdido”. La embarcación se había desviado dieciocho millas de la ruta y navegaba guiándose por las estrellas porque el equipo moderno se había roto. Lo que es más, el timonel indio no era capaz de leer la caligrafía griega  que le indicaba el rumbo que debía seguir.

   Un experto naval describiría más tarde el  barco como “una bomba en busca de un lugar donde explotar”.

De El libro de los fracasos heroicos, Stephen Pile

 

   [No me negaréis que esta última frase no tiene un cierto tinte de gloria… ¡Y aplicada a quien o a lo que sea! Lo trágico es toda la basura que dejó su cadáver en las aguas, en uno de los 10 derrames de fuel más importantes de la historia. En fin. Desastre tras desastre, hasta el desastre final… Pero no nos pongamos mortecinos y, por precaria que sea nuestra embarcación, lancémonos con ella a las procelosas aguas de la vida al grito de “nuestra patria es el mundo entero y nuestra ley… la libertad”. Buen viaje y buena mar.]

 

 

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~ por juannicho en septiembre 26, 2010.

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