El desmoronamiento

   “Con el paso de los años la situación se tornaba más desesperanzadora, los síntomas visibles por todas partes de empobrecimiento más oprimentes. La conservación de los edificios únicamente provisional había quedado excluida hacía ya tiempo. Junto a los marcos de las ventanas y de las puertas se desconchaba la pintura, los cortinajes se deshilachaban, el papel pintado se desprendía de las paredes, los muebles tapizados estaban desgastados, la lluvia se introducía por todas partes y por todas partes había palanganas de hojalata, cacerolas y cuencos en los que se recogía el agua. Pronto se vieron oligados a deshauciar las habitaciones de los pisos superiores, cuando no secciones enteras,  y a replegarse a un par de salas del entresuelo aún medio habitables. Los cristales de las ventanas de los pisos cerrados se cegaban detrás de las telarañas, la podredumbre seca ganaba terreno a su alrededor, los insectos, reptando, esparcían las esporas de los hongos hasta los rincones más apartados, en los muros y techos salían setas marrones-violáceas y negras en formas monstruosas, con frecuencia tan grandes como la cabeza de un buey. El entarimado comenzaba a ceder, la armadura del tejado se hundía; de vez en cuando, por la noche, se desprendían artesonados y escaleras, ya hace tiempo podridos por dentro, en un polvo amarillo como el azufre. Siempre de esta misma forma, en medio de la latente desintegración que en cierto modo había pasado a constituir la normalidad, apenas registrada y apenas registrable con el paso de los días, se llegaba a repentinos hundimientos catastróficos, la mayoría de las veces después de largos períodos de lluvia o de sequía, o bien durante un brusco cambio meteorológico. Justo cuando se pensaba poder mantener una pauta determinada, un empeoramiento dramático de la situación, que se había presentado de improviso, obligaba a desalojar vastos terrenos hasta que uno, evidentemente sin salida, se veía arrinconado en la esquina más alejada, como si estuviera preso en su propia casa.”

De Los anillos de Saturno, W. G. Sebald

   [¿Es ésta la “casa tomada”, es la crónica figurada de un ambiguo desmoronamiento, es el inevitable discurrir de los días frente al que no hay lenitivo alguno, es que alguien ha entrado en mi casa, ha visto esto, y ha vivido para contarlo?]

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~ por juannicho en octubre 8, 2010.

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