Frida en su anaquel

   “(…) Un recuerdo estrechamente ligado a la pluma es también el de un librito negro muy inquietante. Lo encontré entre otros más encima de una mesa y lo hojeé con gran interés. Era una novela corriente titulada Frida, de André Theuriet, en una edición ilustrada con muchos grabados. Todos ellos presentaban la imagen de un muchachito rubio de pelo rizado, con ropas de terciopelo, y la de una niña rechoncha con un vestidito de volantes. El muchachito se parecía a Walter. Los niños aparecían en los grabados unas veces juntos y otras por separado; se apreciaba perfectamente que se veían en los escondrijos de algún parque o entre los muros de alguna casa en ruinas. ¿Qué hacían juntos? Eso es precisamente lo que yo habría querido saber. ¿Llevaba el chico en el bolsillo de la chaqueta una pluma como la mía? Eso no se veía en los grabados y no tuve tiempo de leerlo. Unos días más tarde, el librito negro desapareció sin rastro. Me puse a buscarlo por todas partes. Pregunté en las librerías pero parecía que nadie había oído hablar de él. Debería de ser un libro lleno de misterios desde el momento en que no se encontraba en ninguna parte.

   Un día, hice de tripas corazón y entré en una biblioteca pública. Un caballero alto y pálido, con unas gafas que le temblaban ligeramente, estaba al fondo de la sala de lectura en una silla y me vio ir hacia él. Ya no podía retroceder. Tenía que seguir avanzando hasta la mesa y allí pronunciar bien claro, ante un señor miope, la palabra sensacional “Fri-da” como un testimonio de mis vicios ocultos. Me acerqué a su mesa y musité con voz queda el nombre del libro. Las gafas del bibliotecario empezaron a temblarle en la nariz con más intensidad, entornó los ojos como si estuviese buscando algo en su memoria, y me dijo que “no le sonaba” el libro. Pero el temblor de las gafas me parecía traslucir una desazón interior; entonces estuve seguro de que Frida contenía revelaciones misteriosas y sensacionales.

   Muchos años después, encontré el libro en los anaqueles de una librería. Ya no era mi librito encuadernado en tela negra sino uno en rústica, una pobre y mísera edición en tapas amarillas. Por un instante, pensé en comprarlo, pero cambié de opinión y volví a colocarlo en el anaquel. Así pues, guardo intacta, hasta hoy, la imagen de un librito negro que contiene algo del perfume auténtico de mi niñez.”

De Acontecimientos de la irrealidad inmediata (1936), Max Blecher

 

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~ por juannicho en diciembre 16, 2010.

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