Del dicho al nicho (I)

Publicado en: Fak, nº 58 (Especial Ressaka) [Una vieja revista del gran Txiki Trepax]

Por: Juan Nicho

Fecha: Febrero 2003

“Quizás Razzo o Ricco, como prefería que le llamasen, hubiera acumulado ya en su vida demasiadas resacas, demasiados estados letales de la conciencia para poder ahora aclararse. A su lado en el autobús, su buen amigo Joe, cowboy de medianoche, le habla suavemente, con una ligera inquietud propiciada por los temblores, la tos y la fiebre de su amigo. Rizzo, o Ricco, como nunca conseguía que le llamasen, casi no emite sonido alguno, entregado a un balanceo cada vez más tenue, atornillándose en su propio malestar. No sabe de dónde le viene su fatal destrozo interior, esa resaca monumental del alma que le mantiene postrado y que, de no ser por la entregada voluntad del vaquero, no sabe a dónde podría llevarle.

Quizás Ricco, como dicen que se llamaba, quiere ir a Miami para curarse la resaca, para fundir en el sol del sur los temblones espasmos de su cuerpo. Puede que allí sus piernas se decidan a andar, después de haberse caído catorce veces en el tortuoso trayecto hasta el autobús.

Era una sensación rara el verse sostenido por un amigo, ayudado en este ascenso al calvario; quiere ver que su cruz ya no pesa tanto en sus hombros, que la camisa con palmeras que Joe le ha regalado le alivia el descalabro de sus órganos…, pero no es así. Sólo puede deshacerse de su nombre, que no sabe ya si es Ricco o cualquier otra cosa y dejarlo en manos del cowboy de medianoche, esperar que se lo cuide, que le hable por las noches cuando el dolor de cabeza no aguante ya siquiera un nombre. Pero le gusta estar en marcha. La gran resaca no puede clavarse del todo en movimiento. Si se esfuerza, la deja atrás, en la calle 42.

Cuando lleguen al sol ya no habrá dolor alguno. La lluvia será tan sólo un recuerdo y el frío se habrá disuelto junto con todas las tristezas de los perdedores. Ricco y Joe así lo creen, y no hay motivo para dudarlo.

Pero el autobús no llega a tiempo. Ningún autobús del mundo llega nunca a tiempo a parte alguna. El viaje era un viaje al final de la derrota y su lenitivo fue una camisa floreada y un abrazo de verdadera amistad en el último traqueteo recorrido. La resaca era más profunda que ninguna, albergaba en ella los núcleos concentrados de la aniquilación, y cuando encontraron el momento adecuado, estos se esparcieron ordenadamente a través de Ricco, odiador de médicos y policías.

Nada podrá hacer olvidar la expresión de Jon Voight, el “Cowboy de Medianoche” (1969), cuando a Dustin Hoffman se le desprenden de la cara los últimos restos de su resaca y aparecen en ella los primeros carnavales de la muerte.”

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~ por juannicho en diciembre 24, 2010.

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