1# Prueba de vida (1/1/2011, noche)

   Puede que la única certeza que haya mantenido firme a lo largo de este primer día del año haya sido precisamente la de escribir al fin esta nota. Tratar de ofrecerme a mí mismo, o más bien, al tipo que ocupará mi lugar en este teclado tras unas imprecisas horas de sueño… tratar de dejar constancia por primera vez en una prueba de vida de que el ser que escribe y al que tenemos en  nuestro poder desde hace ya unos cuarenta años sigue vivo. Vivo y con la capacidad de demostrarse a sí mismo que esto es cierto y no una forma difusa más de la ilusión. Las letras conforman la foto del sujeto aferrando un periódico del día, con barba de varios días y muestras de que, aunque pudiera tener mejor cara, no ha sido excesivamente maltratado. No se sabe hasta cuándo podrán hacerse llegar estas pruebas de vida. En todo caso, esta forma parte de un experimento para validar este formato de comunicación entre líneas.

   Otros años había enfrentado el inicio de los años con una mezcla de pavor y desagrado, como cuando uno es expulsado con violencia de una estancia y se le hace pasar a otra con más luz pero con una disposición completamente desconocida y extraña. Con ruidos chirriantes de tuberías y cables en mal estado y susurros imprecisos de pasos o palabras entre las sombras.

   Ahora ya no es así. Y al acabar de leer Los fantasmas de César Aira, que precisamente empecé a leer ayer mismo y que se desarrolla en un edificio destartalado durante el último día del año… me he quedado con una sensación de lo más extraña y complicada. Sé que hay frases y escenas de este delgado libro que se equilibran con la doble estructura de las cosas que me pasan o que he visto entre anteayer, ayer y hoy. Y leo las últimas frases con un escalofrío al entender que los mecanismos de la sincronía agradecen que haya hecho un esfuerzo para luchar contra el sueño y el vértigo y toparme así con un final que me revela una posible verdad de la manera en que nos transmitimos los humanos el conocimiento, por una parte,  y por otra, me deja en los brazos de una fatalidad implacable que debo rememorar mañana. Acabando como acaba el libro veo que las líneas de tiempo que han avanzado en nuestro mundo no podían haberlo hecho de otro modo y que, por mucho que deseara que la protagonista no hiciera lo que hace, en realidad lo acabará haciendo durante todas las narraciones del planeta que se asomen a esta ventana. Quizás sólo quede escuchar mejor las palabras y crear otras mejores en adelante.

   Empieza un año con más cartas escondidas de las que puedas imaginarte…

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~ por juannicho en enero 2, 2011.

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