27# pv 27/1/11

   No deja de ser extraño este día en que he vivido una huelga general absolutamente desapercibida no ya por la mayoría sino por la casi totalidad de la población. Cuando uno descubre que el mundo en el que vive y el de los demás “no van exactamente a la misma velocidad”, siente una especie de vértigo que puede llegar a resultar cómico. Todo se mueve en unas coordenadas ligeramente alteradas en las que, todo lo que uno pretendiera hacer, caería en unos inevitables fallos de cálculo. Como ese edificio romano (¿las termas?) en el que las piezas no encajan debido -se supone- a un error de cálculo previo a la construcción y hay por ahí un por ahí un pórtico cutre con una bonita y flagrante asimetría… Cuando se descubren estas distancias inevitables en la comprensión de las cosas, hay que prepararse para lo peor. Y aún así, seguir adelante. Hoy terminé otro libro empezado hará semanas, y en él el protagonista vive envuelto por un mundo en el que se siente fundamentalmente desubicado. Se trata de la graciosa obra inédita -hasta hace muy poco- de Jules Verne, París en el siglo XX, en la que Michel se quiere dedicar a ser poeta y escribir versos latinos en un mundo que ha extremado su mecanización, su industrialización de la cotidianeidad y su brutal alejamiento de todo lo que huela a cultura. Michel vaga, al final de la obra, por un cementerio (único sitio en donde se siente entre afines -los viejos poetas muertos-) y comenta, entre desgarradora y risiblemente mientras pasea en el gélido París:

   “Michel, arrastrándose, siguió por el muelle de los Augustins hasta el Pont neuf, y allí, con la mirada perdida, se puso a examinar el Sena.

   -Malos tiempos para la desesperación -exclamó-. Ni siquiera se puede uno ahogar.”

   En efecto, el río está congelado y a ese respecto nada hay que hacer. Tan entrañable se me hizo esta tristísima divagación del pobre bohemio en un mundo de números y relés que pensé en esta huelga que ni tan siquiera ha merecido ser mencionada en los medios de comunicación de masas. Como si todo ocurriera en otro planeta, quizá uno de esos mundos paralelos que reseña Charles Fort… Un mundo helado, democráticamente helado, en el que se considera correcto ocultar noticias, manifestaciones, sucesos, siglas que no gustan y realidades inconvenientes, sin que a nadie todo eso le parezca extraño. Reflexiones e imágenes de manifestaciones a kilómetros de aquí y no las de esta misma ciudad. Realmente son malos tiempos para la lírica.

   Menos mal que nadie nos puede expulsar de nuestros mundos de cabezas llenas de pájaros.

   Puedes esbozar una sonrisa blanca y pura.

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~ por juannicho en enero 28, 2011.

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