30# pv 30/1/11

   A veces pienso que la hiperactividad es indistinguible de la parálisis. Puede que lo que, a fin de cuentas, determine la diferencia cualitativa sea no tanto las cosas que se hagan como lo significativas que estas sean. Quiero decir: últimamente pienso en esa historia sufí del hombre que cabalgaba a toda velocidad atravesando pueblo tras pueblo y preguntando en ellos a sus habitantes y a los campesinos que se encontraba por el camino: “¿Dónde está mi caballo?” Está claro que nadie se atrevía a decirle que estaba montado sobre él, porque la misma pregunta ya generaba en el oyente parte del desconcierto que se le suponía al hablante…

   A veces pienso que todavía no sé dónde está mi caballo, pero que cada vez me importa menos saberlo mientras logre seguir avanzando sin caer a tierra… Y de hecho, ya no le pregunto a nadie dónde está mi caballo, aunque siga sin saberlo. Creo que he dejado atrás un galope inútil y confuso y que ahora avanzo en lo que quizá aún no sea un trotecillo alegre, pero que me permite pensar más en el paisaje que atravieso, aun cuando éste no exista o permanezca prácticamente inmóvil.

   Supongo que no es un problema de caballos, sino de riendas…

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~ por juannicho en enero 31, 2011.

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