Las aparentes derrotas (62# pv 3/3/11)

  

   [Sí, se trata de esa multitud de situaciones, de realidades que le acaecen a uno del modo más inoportuno, podríamos decir, con una trastornadora insistencia y en las que, a primera vista, todos los elementos parecen indicar el anuncio de una nueva derrota.

   Ocurre, sin embargo que, las más de las veces, puede que se trate tan sólo de un error de percepción. Podría ser que toda esa apariencia de derrota constituyera no obstante un mensaje elaborado con unos insospechados ingredientes pero que podría sernos de alguna utilidad.

   No se trata de viejas consejas del más bien rancio y autoengañoso pensamiento positivo, nada de los delirios del vaso medio lleno para no desesperarse del todo. En realidad es algo que puede observarse con una determinada ecuanimidad y desapasionada parsimonia. El truco está en que puede que, precisamente, el autoengaño se encuentre precisamente en considerar esas situaciones como derrotas sin paliativos. En un mundo que nos invita a diario a la autodestrucción (y a menudo con bonitas palabras), hay que proceder con mucha cauela a la hora de valorar los sucesivos acontecimientos.

   Hace poco empecé a trabajar un par de horas por las tardes en un café-librería, de martes a viernes y de 18 a 20h. Es un lugar sin un nombre determinado, un Café La Llibreria, podríamos decir, aunque antiguamente se lo conocía con el algo empalagosito nombre de La Xocolatada.  (Y no olvidemos que el alegre cantautor de los niños Xesco Boix se lanzó al tren, así como una de las adalides surcoreanas de los libros de autoayuda se ahorcó recientemente: ¡nada es lo que por fuerza aparenta ser!). Está en la calle Buenos Aires, 44. Y como el próximo día 10 de marzo se presentará en este diminuto pero con encanto lugar a las 20:30 un libro de Carlos Zanón que aún me estoy leyendo (y que iene muy buena pinta) y que se llama Tarde, mal y nunca, acudí a su libro de poemas reciente Tictac tictac, y encontré este poema suyo con que ahora me despido:]

 

DERROTAS

(Carlos Zanón González)

 

No hurgues en tus bolsillos:

ambos sabemos que no está ahí.

Tus vecinos fingirán reconocerte.

Tu madre, tu padre,

aquellos con los que te cruces

pero ambos sabemos

que la partida se acabó,

que la perdiste tú.

Mira debajo de la cama:

ambos sabemos que no está ahí.

La Famosa Madrugada de las Grandes Decisiones.

Son las cinco, te puede el sueño,

hoy o nunca.

Bajas hasta la estación,

está oscuro, aún no hay trenes:

a punto están de colocar los destinos.

Y hay tantas razones para dejarte llevar,

quedar dormido en cualquier banco

hasta que el sol aparezca

y se extrañe de verte

pero que no pueda imputar

delito alguno a ese tipo

arrobado con una casaca

del ejército de la Tercera Guerra.

No hay café en la máquina:

en Colombia aún está anocheciendo

o es invierno o vete a saber túqué coño pasa con Juan Valdés.

No mires al cielo: los ángeles

vuelan con alas de saldo,

viajes tuneados de ida y vuelta.

Ambos sabemos que la traición

fue mucho antes,

no recuerdas cuándo

ni cómo ni por qué.

Sólo se te exige una heroicidad

y para tu asombro la cumples:

cambias los raíles, las señales

los colores de semáforos y ojos.

Refundado el mundo, echas a andar.

Hoy al menos, no ganarán los tibios.

 

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~ por juannicho en marzo 4, 2011.

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