Cómo escapar del poder de la arena

   “(…) Existe lo que se llama ataque epiléptico, como cuando ciertas clases de insectos o arañas son atacados por sorpresa y quedan paralizados… Una pintura destruida… Un aeropuerto cuya torre de control es tomada por lunáticos… Deseó creer que su propia inmovilidad había detenido todo el movimiento del mundo, a la manera de la rana que inverna y desconoce el invierno.

   Pero para pensar en estas cosas, los rayos del sol eran demasiado intensos. Se encogió bruscamente como queriendo protegerse de las puntiagudas zarzas de luz; agachó la cabeza y tironeó con violencia del cuello de la camisa. Saltaron desprendidos los tres botones superiores. Trató de quitarse la arena de las palmas de las manos y recordó una vez más lo que la mujer dijera la noche anterior,  acerca de la arena que nunca se seca y se mantiene lo suficientemente húmeda como para corroer cualquier cosa que alcance a tocar. Una vez sin la camisa, aflojó el cinturón y dejó que el aire circulara dentro de su pantalón. Pero la cosa no era tan grave. La desagradable sensación desapareció tan pronto como lo había asaltado. Al ponerse en contacto con el aire, la humedad de la arena parecía perder su poder mágico.”

De La mujer de la arena, Kôbo Abe

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~ por juannicho en marzo 19, 2011.

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