Fútbol animado… o desanimado

   [Recuerdo que en mis años de  infancia, el fútbol en el colegio era una cosa importante… Quien más quien menos, habilidoso o no, con dispares dosis de entusiasmo, con un diferente aprovechamiento lúdico, deportivo o contemplativo de los tiempos de recreo… todos teníamos alguna relación con el fútbol, que se determinaba en modo positivo o negativo, pero era una salsa en la que nos bañábamos todos. En resumen, visto lo visto tras todos esos años, las experiencias negativas al respecto se equilibraron de algún modo a las positivas en mi recuerdo, aunque estoy seguro de que la mente trabaja firmemente por abolir de algún modo el grueso de los recuerdo nocivos, que resultan altamente deprimentes… para entregarse a un estado medio de sometimiento cotidiano a todo lo relacionado con el fútbol, pero ya como fragmentos cotidianos de espectáculo.  Guardo épocas de mi memoria de niño anti-deportivo en los que me integraba en una suerte de serie B de practicantes del fútbol de patio, de malos jugadores, entre los cuales todo transcurría sin demasiados dramas, aspavientos ni exaltaciones perversas de la competitividad. Al rondar todos un mismo nivel, más bien opaco pero entretenido, se generaba una realidad paralela y de incluso cierta fugaz camaradería… Por ello, pasados los años no he conservado un recuerdo en exceso negativo del fútbol, ya que incluso me dio unas risas que otras en algún lejano momento de mi infancia más oscura… Por ello, en la actualidad, si me hablan de fútbol, mezclo sentimientos altamente contradictorios. Aún así, no creo que llegaran a interesarme las gestas futboleras que suelen narrar los autores uruguayos, por poner un caso, como por ejemplo Eduardo Galeano, que dedica uno de sus libros a la glosa de los partidos más épicos que conserva en su memoria… y mucho menos a la cansina reelaboración de los bolos alimenticios de que suele infestar el fútbol con sus tramas menores el grueso de los medios de comunicación. El que sí elaboró una prosa, ¡y en su primer libro!, altamente jugosa sobre sus primera infancia en la que narra algunos momentos futbolísticos de un modo que me resulta muy cercano y apreciable, es Félix Romeo en su grandísimo Dibujos animados (1995).]

 

   “(…) Lázaro se lo hacía en los pantalones. Le ponían unos enormes pantalones de campana y echaban serrín por la clase. Luego, se le murió el padre. Ése es un buen resumen de una infancia: “Me cagaba en los pantalones y luego se murió mi padre.” Rezamos una oración por el padre de Lázaro. Lázaro era como mudo. No le oí hablar en un montón de años. Murmuró algo así como “tortilla, tortilla” y se volvió a callar. Le cagaron la infancia y fue incapaz de resucitar.

   Lázaro te quitaba las ganas de dibujar moros a caballo. Era uno de esos tipos por los que eres capaz de dejar de jugar un buen partido si te toca en tu equipo. Y eso era lo que me solía pasar. Una vez eché una carrera con él y casi me gana el muy borde. Ahí hubiera muerto. Y no me habría podido levantar en mil años. (…)

          *        *        *

   Sobre todo envidiaba a los del fútbol. Hice una prueba para jugar a fútbol. Estábamos mil o dos mil para hacer la prueba y yo no llegué ni a la segunda parte de la prueba. No le hubiera dado ni a un globo del mundo de un kilómetro cuadrado.  Hundí la zapatilla en el suelo y me quedé clavado. El balón ni se movió. Ahí acabó mi carrera futbolística. El fútbol desapareció. Pero no se enteraron ni Arrúa ni Diarte ni yo qué sé. Siguieron ahí.

   Los del fútbol eran Manolo, Francés, Viola, Pradilla y otros doce. Tenían nombres perfectos para una alineación. El único que parecía que iba a vivir del fútbol era Viola. No sé si vive del fútbol. Le llamaban Viola por Violeta. Sólo jugaba al fútbol en los partidos serios. Era un profesional. En el recreo ya le podías dar un balón medido que la cagaba. Era una estrella. Y él lo sabía. Pero nunca ha jugado en el Zaragoza ni eso.

     *     *     *

   Sento nunca ha jugado al fútbol. No le daría una patada al aire. Ramón sí que le daba. Jugaba muy bien por la izquierda. Hubiera podido estar en el equipo con Viola y con Manolo y con ésos, pero no quiso estar. Y se dedicó durante una temporada a hacer carreritas de atletismo.

       *       *       *

   No podía ser amigo de los del fútbol. Era algo muy difícil. Algunos se compraban el Zaragoza Deportiva y se sabían los resultados de los equipos de tercera. Otros eran incapaces de ir a La Romareda. Era muy difícil ser amigo de los del fútbol. Ni siquiera me podía contentar con ser amigo de los del fútbol. Así que les mandé a tomar por el culo. Ya sabía algunas cosas.

       *       *       *

   Un tipo le dijo a mi madre que yo había roto los cristales del colegio jugando al fútbol. El tipo era el portero de un colegio que no era el mío y tenía quince o veinte hijos. Los quince o veinte hijos tenían un grupo musical. Los López Méndez, o así. Uno tocaba la armónica, la otra la guitarra, la otra el xilófono, el otro las maracas, el otro la flauta, el otro cantaba, tres tocaban el triángulo y otros trece o quince hacían coros. Pues ese tipo le dijo a mi madre que yo había roto los cristales y mi madre le creyó. Era increíble. Mi madre estaba creyendo a un tipo que era incapaz de recordar los nombres de sus hijos. El pasado es un tiempo en el que yo era culpable. (…)”

De Dibujos animados, Félix Romeo 

Félix Romeo

~ por juannicho en abril 16, 2011.

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