Caras (XIV)

Fotografía: Biel Moreno

    Sí, ya sé. Algunos os preguntáis por qué no vemos aparecer aquí la ronroneante imagen de un gato, la afilada mirada de un vencejo, la intrigante expresión de una tortuga pelomedusa. Y la respuesta evidente es que SÍ aparecen, pero nosotros no los vemos. Nuestros ojos responden a una compartimentación estanca de la mirada, una especie de espejismo constante en negativo. A veces congregamos felizmente a un animal y nuestros ojos no logran verlo, sólo alcanzan a diseñar un esquivo rostro humano que sin embargo conserva en la mirada el recuerdo de un vuelo vertical, la hibernación en una profunda cueva, la preocupación por lo endeble de las crías en un nido, la comunicación lejana de los paroxismos de una muerte.

 

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~ por juannicho en abril 17, 2011.

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