Cómo suena un milagro en un silencio de laberintos

 

   “(…) Una curiosa fábula medieval de autor anónimo cuenta la historia de un músico llamado Alais de Sils,  hábil en el laúd, a quien una caída dejará sordo durante años. Por entonces la medicina era primitiva y, no habiendo hallado remedio para su mal, Sils se vio privado de toda sensibilidad musical. Pasaba las tardes caminando por el bosque, esforzándose en reconocer al ruiseñor, al grillo y a la cigarra, pero todo lo que lograba oír era un grave ruido de fondo. Siempre el mismo, una cascada apresada bajo el hueso parietal, una cascada en bajo continuo. Cierto día recibió la visita de un misterioso ermitaño, quien hablando de casos y cosas le explicó que existe (era un hombre muy leído, quizá el mismo sabio que visitara a Nicolás Flamel y a su mujer Pernelle, alquimistas del siglo XV), en el interior de nuestros oídos, una zona a la que los doctores llaman “laberinto” o “aparato vestibular” y que nos permite orientarnos en el espacio y volver, una y otra vez, la cabeza a su lugar. Si Alais de Sils peregrinaba hacia Chartres, señaló el ermitaño, si entraba al famoso laberinto y llevaba consigo su laúd, y lo hacía con el corazón puesto en el Altísimo y las manos despojadas de todo interés ganancial, tal vez, quizá, probablemente -dijo el ermitaño-, su sordera remitiera y el don de la melodía le fuese devuelto. El afuera y el adentro se despertarían mutuamente. La analogía restablecería lo que, por lógica trágica, el golpe había provocado.

   Alais de Sils se puso en camino, agitado, inquieto. En un estuche de madera de cedro llevaba su querido laúd, arropado entre bolsitas de lavanda y un ramillete de secas nomeolvides por consejo del ermitaño. Entró por fin a la catedral un viernes de primavera, atravesando un aire que olía a margaritas y anémonas, a humo y a lana. Allí estaba, a sus pies, el dibujo sorprendente. Se descalzó. Tras persignarse, extrajo el laúd de su estuche. Caminó con reverencia sobre la piedra fría, pisando las invisibles huellas de los anteriores peregrinos. Cruzó los círculos exteriores y llegó al centro. Pasaron unos minutos, en los que sólo se escuchaban las voces afiladas de las golondrinas que acababan de llegar. Tal vez fuera esa estridencia o su fe la que abrió los oídos de Alais de Sils. Se miró las palmas de las manos como hacía años no lo hacía. Distinguió sus huellas digitales, semejantes al laberinto que pisaba. Se llevó los dedos índice y anular de la mano izquierda al oído correspondiente. Tres laberintos coincidieron en el fluir de sus lágrimas: Alais oía por fin el roce de su mano contra la oreja, y oía las voces de un coro cercano, los murmullos de la estación que alborota los pájaros. El cielo besaba la tierra. Entonces y sólo entonces la música le fue devuelta y tocó y tocó hasta que las estrellas pintadas en el techo azulado de la catedral parecieron perforar la piedra de las bóvedas y regresar al firmamento de su origen. Sus dedos fueron constelaciones por cuyas yemas fluían los más antiguos ritmos de la Humanidad, ritmos de fuga y regreso, acordes de recuerdos.

   Cuando cesó de acariciar las cuerdas se dio cuenta de que la catedral estaba llena de gente que lo miraba. Hombres, mujeres, niños, ancianos. Tenían algo que le resultaba familiar, a pesar de no haberlos visto nunca antes experimentó la sensación de conocerlos de alguna parte. Le sonreían agradecidos. Sin duda conscientes de estar presenciando un milagro. Cuando le dieron la mano, en el roce, en el contacto de sus dedos, en la presión de las huellas contra las huellas, reconoció el calor humano que le había infundido el ermitaño y comprendió que, por más extenso y solitario que fuera el silencio, por más sórdida que pueda ser la privación del oído, antes o después será realzado por la muy sabia, inexplicable y dulce comunión de la música. Y lo que otros oigan acabará por educar nuestra audición. Lo que otros perciban aclarará nuestros sentidos.”

De “Laberintos y galaxias digitales”, en Música para los instrumentos del cuerpo, Mario Satz

 

 

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~ por juannicho en abril 17, 2011.

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