Realidades molestas (I): Cuando un tremendo asesino es un genio de la música

 

   ” (…) Es difícil identificar el trastorno mental que arruinó la vida pero que engrandeció el arte del compositor italiano del Renacimiento, Gesualdo, “El príncipe loco de Venosa”. Que haya dispuesto que apuñalaran frente a él a su esposa, de quien no se ocupaba en absoluto a pesar de haber sido sumamente bella, y a su amante, y hasta haya cooperado él mismo con algunos pinchazos, quizá no era algo fuera de lo común en esa época tan violenta, en especial si se considera que fueron encontrados en flagrante delito. Pero cuando, por dudar de su paternidad, haya mandado matar a su pequeño hijo con crueldad y violencia inauditas,  dándole de comer en forma tal que murió de sofocación, Gesualdo fue más allá del comportamiento normal. Por ello se le ha descrito como un lunático excéntrico, perverso, cruel y receloso.

   En sus últimos años, cuando ya no componía, Gesualdo estuvo profundamente deprimido y a punto de volverse loco, atormentado por los remordimientos de su triple crimen: “Se vio asaltado y afligido por una enorme horda de demonios que no lo dejaban en paz durante muchos días sino hasta que 10 ó 12 hombres, que él mismo había contratado para ese fin, lo apaleaban con violencia tres veces al día”, lo que equivalía a un tratamiento masoquista de choque como no ha habido otro!

   Su personalidad aventurera y de reacciones encontrradas también se advierte en sus composiciones, que son audaces y fantásticas, con disonancias muy adelantadas para su época. Con la misma vehemencia que demostró en su vida personal, violaba las reglas y distorsionaba la música para lograr mayor expresividad, y no se detenía ante la extrañeza de sus armonías ni ante ninguna violenta interrupción del ritmo para dar salida a sus  tormentos interiores. Gesualdo se interesaba en los más oscuros aspectos de la vida, lo trágico, lo espeluznante, lo grotesco. Expresó con una extraña progresión de acordes y breves sollozos lastimeros, en la melodía, su sufrimiento, su pena y sus pensamientos sobre la muerte.

   Como sucede a menudo con los innovadores, Gesualdo fue un incomprendido durante muchos años, en su caso ¡durante centenares de años! Sus críticos no encontraban en su música sino “modulaciones sin bases y la perpetua confusión e inexperiencia de un amateur“. Uno de los mejores ejemplos de la madurez de su estilo, el madrigal Moro Lasso, fue descrito como “extremadamente escandaloso y desagradable al oído”. Pero esta opinión cambió por completo en el siglo XIX, y el mismo madrigal se escucha ahora, no como “los sonidos balbucientes y experimentales de un nuevo lenguaje, sino como un milagro perfectamente elaborado, como una de las grandes glorias del viejo orden de la polifonía. Es un gran maestro de la frase breve y conmovedora -precursor del leitmotiv-, ya sea como una expresiva catarata melódica, o una llamativa progresión armónica”. Gesualdo ocupa ahora su lugar como un compositor de una genialidad extraordinaria, cuyas obras perduran como la expresión vívida y apasionada de una extraña personalidad. (…)”

De Enfermedad y Creación. Cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música, Philip Sandblom

 

 

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~ por juannicho en abril 23, 2011.

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