En compañía del frío

Barbara Kruger

“La soledad es un tormento que ni tan sólo el infierno contempla.” (John Donne)

 

(Acompañamiento: Viaje de invierno, de Franz Schubert y La vida me sonríe la hija de puta, de Eyaculación Post-Mortem)

 

 

 

 

 

I

 

   Cada primavera el mismo experimento: comprobar si con el deshielo, el fin del invierno, el frío desde tanto tiempo instalado en el interior se marcha con los hielos derrotados de la temporada del hielo. Cada primavera el mismo experimento y previsiblemente el mismo resultado.

   El sol enorme y abrazador, el aire fuerte como un alivio, todas las armas del destronamiento de lo estéril, no pudiendo con este frío inmemorial atado a los sentidos, dueño quizá para siempre de los quebrados movimientos. Le ocurre a cierta gente, y puedes descubrirla en la calle por sus gestos bruscos o extremadamente suaves.

   Viven en el permanente calambre del frío, ajenos a reconstituyente alguno, poseídos por esos escalofríos helados que tan bien conoce el fumador de opio, errantes témpanos humanos, las agujas del reloj en un clausurado avance.

 

II

 
Las profundas excavaciones de la alegría
Una ilustre academia del basurero
Las palabras innecesarias de todos los olvidos
Los sonidos enfermos cuando ya no queda nadie
Un pájaro de hueso advirtiendo del incendio
Y la ficción de un mundo muerto
erigiendo sus ruinas como estatuas.
Cada vez que cruzo las puertas del infierno
Parece que regreso de nuevo a casa.

 

III

 

   Algo no ha funcionado: los escalofríos han vuelto. Nunca debe uno despedirse del todo de los viejos amigos, siempre puede encontrarlos de nuevo en un recodo de la estación, o incluso en la litera de arriba del mismo compartimento. Porque siempre se ocupa la litera de abajo, la más cercana a la tierra que te reclama, la que busca la trituradora del metal sobre las vías. Algo no ha funcionado: los escalofríos han vuelto. Me repito esta frase sin entender bien su contenido y deseando olvidarla. Me he asociado a un demonio imprevisto, ahora me acompaña su sombra, vivir en una eterna despedida donde decir adiós es no decir nada. Carcajadas ocultas, chirriar de dientes, junto a la salida un gas impregna la estancia. Es una nueva dimensión del frío, un juego diferente con la paciencia. Pondremos un parche transparente a la herida, pediremos a la noche que no exija sus derechos, beberemos el vino que reclaman nuestros nervios, y musitaremos con la boca pequeña cuando nadie escuche: algo no ha funcionado, los escalofríos han vuelto.

 

Barbara Kruger, 1989

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~ por juannicho en febrero 2, 2012.

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