Pesadilla de frío y carne muerta en un mal día de Max Blecher

Chaïm Soutine, "Autorretrato"

   “Las calles de la ciudad habían perdido todo su sentido; el frío se me metía por debajo de la ropa; tenía sueño y frío. Cuando cerraba los ojos, el viento me pegaba una mejilla más fría a la mía y a este lado de los párpados lo sentía como una máscara, la máscara de mi cara cuyo interior estaba oscuro y helado, como el reverso de una máscara auténtica de metal. ¿Qué casa iba a explotar en mi camino? ¿Qué poste iba a contorsionarse como un bastón de caucho para hacerme una mueca? En ningún lugar del mundo, sean cuales fueren las circunstancias, ocurría nunca nada.

Chaïm Soutine, "Carne de buey"

   Cuando llegué al mercado, unos hombres estaban descargando carne para los puestos de los carniceros. Llevaban en brazos mitades de reses rojas y moradas, sanguinolientas, altas e imponentes como princesas muertas.  En el aire había un olor caliente a carne y orina; los carniceros colgaban las reses cabeza abajo, con la mirada vidriosa y negra hacia el suelo. Estaban alineadas en las paredes blancas de mosaico como esculturas rojas talladas de distintos materiales frágiles, con un reflejo acuoso e irisado propio de la seda y la limpidez turbia de la gelatina. De la panza abierta se les salían los músculos como arpados y pesadas sartas de bolas de grasa. Los carniceros metían las manos rojas dentro y sacaban las entrañas valiosas que colocaban encima de la mesa: piezas redondas, anchas, elásticas y calientes de carne y de sangre.

   La carne fresca lucía aterciopelada como pétalos de una rosa monstruosa e hipertrofiada. El alba se volvió azul como el acero; la madrugada fría cantaba con un hondo sonido de órgano.

   Los caballos de los carros miraban a los hombres con sus ojos siempre lacrimosos; una yegua soltó un chorro de orina caliente en el suelo. En el charco, a trechos espumoso y a trechos claro, el cielo se reflejaba profundo y negro.

Chaïm Soutine, "Hálito de muerte"

   Todo se volvió lejano y deprimente. Era de madrugada; los hombres descargaban carne; el viento se me metía hasta los huesos; estaba tiritando de frío y de insomnio; ¿en qué clase de mundo vivía?

   Eché a correr como un loco por las calles. El sol se asomó rojo al borde de los tejados. En las calles de casas altas reinaba todavía la oscuridad y sólo en los cruces de las calles brotaba una luz brillante, como si fueran puertas abiertas a lo largo de corredores abandonados.”

Chaïm Soutine, "Autorretrato"

(De Acontecimientos de la irrealidad inmediata, Max Blecher, Ed. Aletheia)

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~ por juannicho en febrero 3, 2012.

2 comentarios to “Pesadilla de frío y carne muerta en un mal día de Max Blecher”

  1. Grandioso texto, y muy grata sorpresa tu blog, por aquí me quedo. Abrazos!!

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