Lo que se prolonga en la oscuridad (Muerte, sueño y lechuza según Tomeo)

   [Pienso en las melancólicas derivas de Juan y Torcuato, estos dos amigos que son como los Vladimir y Estragón de Beckett. A veces da la impresión de que el mismo Torcuato es una mera divagación de Juan, otro tipo de muñeco, éste animado… No vuelvo a leer la novela porque entonces me daría cuenta de que su protagonista no es un ser humano vivo sino un espíritu, dando vueltas  por sus antiguos lugares, vagando pensativo por las formas mentales que dan a su entorno los seres bruscamente desencarnados. Pero hay un humor soterrado cuando no burbujeante en esta panorámica de unos días en el purgatorio de una gran ciudad en esos momentos en que uno piensa demasiado y advierte que el mundo a su alrededor avanza a una velocidad distinta. Tomeo definía maravillosamente su novela como “una situación dramática prolongada”. En la que, en uno de sus paseos por la ciudad, Juan P. se acerca al cementerio y saca una conclusión que nos acaba sonando bien: “Pienso en los amigos que están enterrados ahí dentro y siento ganas de llorar. A unos les gustaba tocar la guitarra, a otros el violín y a otros la trompeta, pero ahora todos tocan en la misma orquesta.”]

 

 

   “Se presenta por fin Torcuato vestido con su traje blanco de hilo. Me da las buenas noches y se sienta en el otro extremo del diván, lo más lejos posible de Dorotea [la muñeca]. Creo que le tiene miedo. En estos momentos los vecinos del noveno segunda ya no discuten pero el chico del noveno quinta sigue dándole al violín. Ha empezado el telediario de la Cadena Uno y alguien habla del precio del butano.

   -Se teme que el aumento incidirá negativamente en el índice de precios al consumo -dicen.

   Torcuato se aplasta las orejas con la palma de las manos y reconoce que continúa preocupado por la pesadilla de la lechuza. Admite que tengo razón al decir que es un pájaro que está cerca de la muerte, pero añade que precisamente por estar cerca de la muerte está también cerca de la vida.

   -¿No te parece -pregunta- que la muerte podría ser una especie de vida al revés que se prolonga en la oscuridad?

   Suelto una carcajada y le pregunto si ha venido a verme sólo para soltarme esa chorrada. Replica diciéndome que hablar de la muerte nunca es una chorrada.

   -Muy bien -le digo-. Para ti la perra gorda.

   Le invito a que se asome a la ventana de mi cuarto para ver cómo llega la noche, pero dice que prefiere que continuemos en el diván. Al otro lado de la pared, el presentador habla ahora de una guerra lejana. Lo hace con acento triunfal, como si fuese él quien disparara los cañones.

   Torcuato se aplasta otra vez las orejas con la palma de las manos. No comprende cómo pudo entrar la lechuza en su casa. Le contesto que lo más probable es que el pobre bicho se equivocase de ventana, y le aconsejo que no se preocupe tanto porque al fin y al cabo los hombres no son culpables de sus sueños.”

(De La mirada de la muñeca hinchable (2003), Javier Tomeo, Ed. Anagrama)

 

Anuncios

~ por juannicho en abril 4, 2012.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: