13 poemas desechables de Angélica Liddell

 

Intento hacer una soga con las trenzas            las arañas me observan desde las esquinas sucias      desde lo alto      nunca me importó tener la casa sucia      ni mi corazón sucio      ni mi vagina sucia      pero me duchaba con lejía para no sufrir demasiado

 

No soy más fuerte que una niña            en extremo dolor      miro crecer la leche      excluida de la acción y la palabra      como si tuviera un rinoceronte sentado en mi cara      aguardo la vejez de la carne      sola      ellos no quieren sentirse amados      grito hacia la puerta      orino una angustia insaciable      no soy bella      tú eres el golpe      jovencito      si alguna noche limpio la casa de monstruos   –   nunca tocaré un hermoso cuerpo

 

Soy el lugar del fracaso            para encender la luz he de golpearla      tengo ganas de morirme pero estoy tan alegre      ¿qué otra cosa puedo desear?      los viejos mueren en hospitales horribles      y yo me acuesto en  una casa oscura pero tranquila      rodeada de gente tranquila      como yo      los viejos duermen atados a las camas      y yo me levanto a orinar cuando quiero      muchos se suicidan      es entretenido el programa de televisión      esos viejos cagones      todavía me perfumo   –   huelen bien mis sábanas encenagadas

 

El de la piel            rechaza la pasión desordenada de la hembra      los deseos insatisfechos      causantes de la desgracia      y del canto de los machos cabríos   –   arrojo piedras contra las piedras      se me han acabado los perros      amor que no es amor      le acerco el pecho a una enfermedad leprosa      nada me llora convenientemente      utilizo la mandíbula del olvido      un buen rato      para columpiar      la lujuria descansa entre las heces      como un lactante

 

La destrucción del amo y del criado            blandiendo hisopos tóxicos      de repente el niño crece      y yo me echo a dormir con las hormigas      por allí viene calzando sus botas nuevas      un regalo de cumpleaños

 

Gravitando sobre el espino            sonríen mis amantes pálidos   —   completamente amnésicos   el día que yo muera no sabrán que he muerto      les arrojo mis vísceras      rugiendo de dolor      pero no se alteran      ellos sólo ven los copos de nieve      el espino arde

 

 

Me despierto en la perrera            sobre una almohada de excrementos      tan abandonada soy      tan vieja      tan animal perdido      aun así he soñado con sencillas porcelanas

 

Muero ante nadie            sin embargo muero por vosotros      gimnastas del olvido      y también muero para vosotros      para evitaros un encuentro desagradable      en una acera poco concurrida

 

Me bebo una taza de agua tibia            temblando involuntariamente      en la habitación de la grasa      resbalo sin muebles      sin luz      tan desproporcionada es mi mortalidad que mi esqueleto puede confundirse      con un esqueleto de ballena

 

Mula enferma y perfumada            ardiente hasta el estrabismo      de meninges harapientas      suplicante      desprovista de sueños      reemplazada para siempre      por amar de un modo exagerado      la garrapata se hincha

 

Aventajan en grima            mis besos a los besos de viuda      me miran como si yo hubiera estrangulado      los queridísimos      apartan mi pie de sus braguetas      rechazan sus propias erecciones      solucionan la calentura y el asco mediante una masturbación superficial

 

Los ángeles comulgan con la especie humana            pero no existe la felicidad terrestre      se dan cuenta      salvo en las piruletas de los niños      y en el ininterrumpido flujo de movimiento a lo largo de la vía férrea

 

Te hablo como a los muertos            sentada en el borde de la cama      en el borde de la cama      mirando la punta de mis zapatos      quisiera estar más cerca de ti      te lo digo      mis zapatos llenos de chinches y de amor      espero a la primavera      los libros se hinchan bajo las bragas húmedas      y exprimo la gasolina de mi  cráneo

 

(De Los Deseos en Amherst, Angélica Liddell, Ediciones Trashumantes, 2007) 

 

Angélica Liddell

 

Anuncios

~ por juannicho en abril 5, 2012.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: