¿Será posible “pasar página” en el Libro de la Vida?

Descubrí que había sido borrado del Libro de la Vida. Ignoro por qué pasó ni cuánto tiempo llevaba en esa anómala situación. Si no hubiera atendido al fin a las múltiples señales, quizá hubiera recorrido la avenida entera sin ser consciente de mi destino. Habría vivido en la sombra con mis viejas certezas de luz, habría caminado en paralelo a los impulsos de los días.

Ahora imaginaba mi nombre borrándose poco a poco del Libro, dejando sobre la página una pátina de olvido espolvoreado en multitud de pequeñas moléculas de tinta. Otros nombres empujarían ahora la caravana de minutos que yo abandonaba.

Ahora que ya había ocurrido y me encontraba en la antesala del silencio, debía poner mis cosas en orden y vaciar poco a poco cada una de mis estanterías… De ellas habían surgido multitud de notas al pie y columnas explicativas que habían ramificado mi nombre en el Libro convirtiéndolo en una maraña que me costaba reconocer. Las letras de mi nombre se habían convertido en una frondosa opacidad que engullía la luz y detenía el paso del tiempo. No supe verlo hasta que ya era tarde.

Y sin embargo no sentí dolor alguno. Sólo notaba cómo se iban desprendiendo de mí todos y cada uno de los sonidos de mi vida, las voces y los rastros, las explicaciones demasiado largas y las tardes interminables junto a mi propia conciencia enfurecida.

Caían en los resquicios de la página, en las hondonadas de los márgenes, a través de las nacientes porciones de blanco que la huida de mi nombre hacía aparecer en el Libro. Se amontonaban en la nube de polvo que se iba disolviendo hacia las cubiertas, vertían sus restos en el aire de la tarde.

Y fue así cómo descubrí algo extraño. No era el mío el único nombre que estaba siendo borrado del gran Libro de la Vida. A mi alrededor pude ver, ya sin el obstáculo de las ciclópeas palabras de mi nombre, cómo de infinitas colinas del Libro iban descendiendo a riadas frases y frases de miles de seres que estupefactos observaban el aniquilamiento caudaloso de sus mundos.

Mientras ellos trataban de hallar la forma del asombro, yo pude abrir los ojos a un tiempo que llegaba a su fin porque un nuevo relato le reclamaba. El Libro se estaba quedando en blanco. Con un hondo suspiro el Universo se aligeraba de nuestra carga. Cada página del Libro era ya un campo abonado de estrellas y resplandor. Hubo un instante de duda y tras el silencio más tenso que haya producido el Cosmos, un suave rasgueo llegó a todos los rincones…

En la primera página alguien había escrito unos gigantescos dos puntos; alguien había girado con un estruendo de papel viejo la página eterna y, con una voz que nunca nadie había oído, alguien clamó:

“Pero esta vez, por favor, hacedlo… CON BUENA LETRA.”

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~ por juannicho en abril 19, 2012.

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