Del dolor a la dignidad (Del diario de Juan Gracia Armendáriz)

Día treinta y siete

Temo al dolor. Temo que el dolor borre la claridad. Temo que el dolor me invada y me reduzca a un animal doliente. Temo perder la dignidad, el respeto a los otros, a mí mismo. Temo los dedos enguantados de un cirujano y el olor nauseabundo de la asepsia. Esos materiales diseñados para abrir la piel, estirar los músculos, horadar entrañas, explorar cavidades, circunvoluciones, arboledas sanguíneas. Temo el recuerdo de todo eso.  ¿Cómo salvaguardar el equilibrio en esas condiciones? ¿Cómo mantenerse de pie y que la claraboya no se rompa bajo nuestros pies? No quiero olvidar el dolor porque a veces me lo he bebido a morro, y otras lo he evitado escondiendo la cabeza debajo de la almohada, como los niños aterrados en mitad de la noche. Envidio la dignidad con que sufre un pájaro o un perro. Se dejan morir sin aspavientos, atentos a su respiración cada vez más lenta y trabajosa. El pequeño pecho del pájaro que late como una pelota de plumas, el cuerpo del perro acurrucado, recogido en sí mismo, a la espera de que llegue el silencio en la cuneta de una carretera secundaria. La gente sana cree que hay vidas que no merecen ser vividas. No saben qué equivocados están. Un hombre sin piernas, con cabeza de huevo de codorniz, atado a una máquina de depuración renal, con un corazón artificial latiendo en su pecho, que vive solo en una residencia de ancianos, al que transportan como un muñeco, desea hablar, desea sonreír, a veces bromea, incluso. En su mirada no hay súplica, ni tristeza, es un estadio más allá de todo eso. En su mirada hay un pasmo detenido, pero ese anciano roto y abandonado está lleno de vida que puja por abrirse paso entre los pasillos solitarios que huelen a sopa de internado. Ese hombre digno que echa de menos a su perrita. Ese hombre ama la vida con toda la plenitud de sus carencias físicas y emocionales. Ese hombre sólo necesita afecto.  “Es preciso ser fuerte y feliz para ayudar a la gente desdichada”, dice Albert Camus. Todo un programa de vida.”

(De Diario del hombre pálido, Juan Gracia Armendáriz, Ed. Demipage, 2010)

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~ por juannicho en mayo 13, 2012.

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