Unas de mis frases favoritas de todos los libros que leí y el trozo de donde surge (La Palabra olvidada de Novalis)

 

   “¿Dónde está el río?”, gritó, entre sollozos. “Aquí, encima de nosotros, ¿no ves sus ondas azules?” Enrique levantó la vista y vio cómo el río azul discurría silencioso sobre su cabeza.

 

   “Enrique se acercó a la ventana. El coro de estrellas brillaba en la oscuridad del cielo y al oriente una luz blanca anunciaba la llegada del nuevo día.

   En pleno entusiasmo, el muchacho gritó: “¡Oh, astros eternos, caminantes silenciosos, a vosotros os llamo para que seáis testigos de mi sagrado juramento: quiero vivir para Matilde, y que mi corazón y el suyo estén unidos por eterna fidelidad! También para mí se levanta ahora el alba de un nuevo día que no tendrá fin. Me ofrezco como eterno holocausto a este sol naciente, y ante él, enciendo en mí una llama que no se extinguirá jamás”.

Alfred Kubin

Enrique estaba enardecido y no se durmió hasta muy tarde, cuando ya amanecía. Los pensamientos que llenaban su espíritu vinieron a entremezclarse en extraños sueños. De una verde pradera ascendían los tenues destellos de un río azul y profundo. Una barca surcaba su lisa superficie. En ella estaba sentada Matilde y remaba. Estaba adornada con guirnaldas, cantaba una canción sencilla y dirigía al muchacho una mirada llena de dulce melancolía. Enrique sentía una opresión en el pecho y no sabía por qué. El cielo estaba sereno y las aguas tranquilas. El rostro celestial de Matilde se reflejaba en las olas. De repente, la barca se puso a dar vueltas sobre sí misma. Él la llamó con un grito de angustia. Ella, sonriente, dejó el remo en la barca; ésta seguía dando vueltas sin parar. Un desasosiego sin límites se apoderó del muchacho. Se lanzó a la corriente, pero no podía avanzar; el agua se lo llevaba. Ella le hacía señas, parecía querer decirle algo; la barca empezaba a hacer agua; sin embargo, ella sonreía con una inefable ternura y miraba serenamente aquel remolino que, de repente, se la tragó. Una suave brisa acarició las aguas de aquel río, que, como antes, siguió corriendo tranquilo y resplandeciente. La angustia terrible que se había apoderado del muchacho le hizo perder el conocimiento. No volvió en sí hasta que se sintió sobre la tierra firme. Debió de haber recorrido un gran trecho a merced de aquellas aguas. Se encontraba en un país extraño. No sabía lo que le había ocurrido. Su vida interior se había esfumado. Sin pensar nada se adentró en aquel país. Sentía una terrible lasitud. De la falda de una colina salía una pequeña fuente; sus aguas tintineaban como sonoras campanas. Cogió algunas gotas con la mano y humedeció sus labios resecos. Aquella terrible aventura había pasado: había sido como un mal sueño. El muchacho andaba y andaba; las flores y los árboles le hablaban. Se sentía a gusto, como si estuviera en su patria. De repente, oyó de nuevo aquella sencilla canción que había oído antes. Corrió en dirección a aquella música. De pronto, alguien le detuvo, cogiéndole por la ropa. “¡Enrique!”, gritó una voz conocida. El muchacho se dio la vuelta y Matilde le estrechó entre sus brazos. “¿Por qué corres? ¿Por qué me huyes, Enrique?”, dijo ella, tomando aliento. “Por poco no te alcanzo”. Enrique lloraba. El muchacho la estrechaba contra su pecho. “¿Dónde está el río?”, gritó, entre sollozos. “Aquí, encima de nosotros, ¿no ves sus ondas azules?” Enrique levantó la vista y vio cómo el río azul discurría silencioso sobre su cabeza. “¿Dónde estamos, Matilde?” “En casa de nuestros padres”. “¿Vamos a estar juntos?” “Sí, eternamente”, contestó ella, apretando sus labios contra los de él y abrazándole tan fuertemente que no podía separarse del muchacho. Ella pronunció en su boca una palabra extraña y misteriosa que resonó por todo su ser. Enrique iba a repetirla cuando oyó la voz de su abuelo que le llamaba y se despertó. Hubiera dado su vida entera por acordarse de aquella palabra.”

(De Enrique de Ofterdingen, Novalis, 1801)

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~ por juannicho en mayo 14, 2012.

Una respuesta to “Unas de mis frases favoritas de todos los libros que leí y el trozo de donde surge (La Palabra olvidada de Novalis)”

  1. Es meláncolico o soñador pero me parece buenisimo sigue compartiendo tus bellos escritod

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