Dos poemas musicados de Mercedes Roffé

 

BOREDOM

 

Tedio

cuando se aquieta el día.

Como cuando un río se aquieta

y despierta

                al acunado por el río.

 

El susurro del agua

que se va

                ensordecida:

Vocerío -no voz.

No iris -niebla.

Y más atrás el vacío.

Luna

                de metal inmaleable

donde nada se engarza

                ni se inscribe.

Tedio

                como un reino.

 

Hasta

                recobrar

                                la habitada

condición del silencio.

Como cuando

                se aquieta el río.

y el acunado por el río

                por fin despierta

o por primera vez

                recuerda y ve

ancladas en las radas de la noche

las tartanas del sueño.

 

 

 

LA NOCHE Y LAS PALABRAS

 

A la luz de las velas

las palabras

iban perdiendo toda realidad

ese poco de peso que arrastran en sus ruedos

como cuelgan de las eses

de hierro las reses y sus moscas.

Fabulación

                -casi una mentira.

Anillos de humo como almas

se llevan el aliento

de un entusiasmo exangüe

sin voz y sin ayer.

Niebla

polvo

nada

Lo volátil.

¿Cómo sostenerse

                en la ignominia?

La inanidad de decir

sólo palabras

mar      bigote      bingo      azul      campos      cuevas

                aros      libros      desayuno

                                                tren

                                                                espada

 

Nada es nada.

Apretarse los ojos hasta

que el azul

colme el vientre del vaso.

-Toma, bebe.

Y brindemos por todo. Y dale

el crédito al silencio. Toma,

ahí lo tienes.

La inanidad de decir

sólo palabras

cuna      ensanche      tribu      césped

                tuna      zanja

                                                          colofón

 

Un hueco

aventado

por la gimnasia feliz de pronunciar

el eco de un pasado

-el coletazo final

del corvo

                contra la arena reseca.

 

Agallas

Tener agallas

Sostengámonos

                en la ilusión de LA LUZ

las palabras

morirán lejos

acaso en el recodo

donde el deseo abraza a la memoria

ante el mirar sonámbulo de un otro

                displicente o mordaz.

-No hay trama -dije-.

No hay intriga ni final.

Sólo el regreso. No hay

andamiaje posible. La noche

sin embargo

se sostiene.

Contra toda gravedad, la noche

                se sostiene.

Inevitablemente

                se sostiene.

 

 

Ambos poemas de La noche y las palabras (1996), en Milenios caen de su vuelo, Mercedes Roffé, Ed. Idea (2005)

 

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~ por juannicho en mayo 21, 2012.

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