10 años celebrando el fin del mundo (En el aniversario de “Ciencia Infusa”, 21/7/2007)

Juan Nicho 

21 de julio de 2007

Limit Bar (Gracia)

   En el tiempo, durante el tiempo que os leeré esta nadería cósmica, en el, por fortuna para vosotros, brevísimo lapso de segundos que se interpondrán entre vosotros y la paz de espíritu, en el implacablemente insensato mundo-Universo ocurrirán muchas cosas que probablemente no nos gustaría observar, pero que compartiendo nuestra realidad presente, nos hacen cómplices, terribles ejecutores de una sanguinaria y absurda colección de desmoronamientos. Larga, larguísima frase para cantar una sucesión de colapsos que se completan con increíble velocidad. Tenemos una extraordinariamente desarrollada ceguera para manejar prismáticos y catalejos anímicos. Lo vemos todo con unos ojos arrugados de desidia y, cuando algo nos reclama en las lejanías del espacio o en las lejanías de dentro, encogemos los hombros y con ellos así encogidos avanzamos hacia el despeñadero. Pero un día un niño en Hong Kong o Pekín nos señala la luna y en esa ocasión feliz no nos quedamos mirando el dedo. La Luna respira despacio. Y en esa luna vemos por fin reflejados nuestros ojos, articulados como los de las más enfebrecidas y curiosas moscas de verano, vemos nuestro oído palpitando ante los mensajes de una radio interior, vemos nuestro corazón que arranca despacio, vemos a nuestros labios que se abren lentamente y se susurran: lo sabía, lo sabía, y había olvidado que lo sabía. Eso es la CIENCIA INFUSA.

   Con estos nuevos órganos privilegiados, engarzados en una perfecta maquinaria biocibernética, atenderemos a los estímulos que nos llegan, debidamente caotizados, de todas partes y al mismo tiempo. Vemos a un viejo en una sala de espera que arruga la nariz y le cuenta sus secretos a una papelera de amianto. Nos deshacemos en llanto porque nadie verá caer ese precioso meteorito en un cráter azul y pequeño del espacio. Ni nadie leerá jamás la palabra repetida mil veces que esa niña escribió en una hoja que ahora quema. Asistimos a la rebelión de los electrodomésticos y tomamos partido por ellos, contribuimos a la lucha con nuestra preciada silla eléctrica. Escuchamos atentamente al hombre que habla despacio en una soledad perfecta y circular. Paseamos por los contornos vibrantes de unas ruinas alienígenas, y en ellas descubrimos un esqueleto fosforito que sonríe. Atendemos la reclamación de un basurero, anonadado por el crecimiento espontáneo de tanta mierda. Sentimos la presión intolerable de un despegue vertical. Nos sentimos culpables al matar a un insecto tan pequeño. Ignorábamos que en el planeta había tres razas, dos de ellas invisibles. Recogemos con exquisito cuidado en nuestras manos la ceniza de una amiga suicidada. Vemos tantas cosas en tan poco tiempo que a veces tememos no poder asimilarlas todas. Nos bajamos la visera de fundidor y programamos la visión metálica de urdimbres y umbrales difusos. Mejor. Así afinamos más. Así vemos con las manos, con el corazón, con el sentimiento difícil de haber encargado una hecatombe y no poder anular ya el pedido. Pero vemos mejor.

   Entramos en una casa de brujas y nos dicen que han salido, pero que volverán, que siempre vuelven. Recogemos del suelo un objeto en el que leemos asustados: no tocar. Recibimos aliviados el mordisco letal de una amante de hidrógeno. Nada nos impide descubrir que donde antes había una civilización erudita ahora hay un insalubre campamento de policías embrutecidos. Hablamos bajito para no despertar a ese hombre que murió solo en un desangelado hospital psiquiátrico. Sujetamos con fuerza la espada y la cruz, proclamamos nuestra propia religión del exterminio. Le preguntamos a un mendigo si ha visto pasar a nuestro abuelo, si no es él mismo nuestro abuelo. Recordamos que oímos hablar a nuestro amigo hacia las nubes en un lenguaje sideral. En el techo de la celda brillaban unas estrellas reflectantes. A veces pienso que sois marcianos, a veces pienso que lo soy yo. Los ultracuerpos van al fútbol y pegan a sus mujeres con largas tiras de cuero negro. Cada vez hay más explosiones, cada vez más ruinas creciendo desde una tristeza inabarcable. Cada vez que abro los ojos se muere una virgen y en el planeta más lejano se duerme para siempre el último superviviente de la esperanza. Hay una mano que alguien no quiere dar, hay un sol agonizante para cada mundo descuidado.

   Y es cierto que el mundo se acaba, que no llegarán a tiempo los refuerzos, que estalló una revuelta en la luna, y que mi madre no vivirá para siempre. Es verdadera la melancolía de un agujero negro, la insoportable decadencia del amor y el sueño difícil de un mecanismo entregado al óxido. Para qué la visión estelar si no frena una caída, si no da un sentido al eterno girar sobre sí misma de toda la parafernalia galáctica, de toda esa basura espacial siempre dispuesta a negarse a sí misma. Se ríe el astronauta por lo bajo cuando ve que su nave se aleja y que empieza a hundirse en lo negro; hace con la mano el gesto de mullir una cama, de prepararse para dormir. Visión estelar. Compleja estructura reticular de ilusiones perdidas. Última llamada al orden de todas las tribus del universo. Veo en mi caída un resumen del apocalipsis, trato de ordenar el tráfico de sus figuras destructoras, le pido a la muerte un informe detallado de sus últimos movimientos, un trabajo de campo que regule el curso de sus prioridades. Le pido tiempo para terminar mi colección de cromos de suicidas eminentes. Sonrío sin saber por qué, casi como un acto reflejo, disnómico. Como aquel astronauta perdido, ya sin prisa, sin nervios, sin miedo ni esperanza. Y sonrío porque recuerdo su sonrisa, su beatífica sonrisa al escuchar la última interferencia en la radio de su casco: “Estáis escuchando CIENCIA INFUSA, ciencia ficción y fantasías futuristas”.

   ¿El fin del mundo? Nunca se sabe lo que es más conveniente.

Anuncios

~ por juannicho en junio 2, 2012.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: