Dos pasos en el callejón de las almas perdidas (De espiritismo, embaucadores y vías muertas hacia el norte)

 

   [Es curioso. Desde que leí esta maravillosa novela en la que un tipo trata de perfeccionarse en la poco digna labor de charlatán de las comunicaciones espíritas (entre otras farsas varias que no duda en acometer), desde que leí esta intensa profundización en la mentira y el aprovechamiento, me he dado cuenta de que me siento más atraído si cabe por el espiritismo, por las formas que adoptó en el pasado y por las que podría aventurarse a tomar en el presente. A fin de cuentas, nadie reniega del amor porque haya quien se aproveche de él y  lo arrastre por el fango. Y lo mismo ocurre con todas las cosas a las que uno da valor en la vida y que son habitualmente degradadas de mil maneras diferentes, En realidad, pocos movimientos han sido tan atacados como el espiritismo, en una época en que la herejía no podía ya castigarse con el fuego (ése hubiera sido antes su destino)… En los tiempos en que se podía actuar con más violencia contra la disidencia directamente fue barrido del mapa, como ocurrió aquí tras la guerra civil. En nuestra época la estrategia contra la diferencia que representa lo oculto o extraño es muy otra: simplemente se la ridiculiza. Del martirio al escarnio. Pero nadie se para a pensar en el contenido de aquello que desprecia. Por eso es tan habitual quedarse en la superficie cuando surge la palabra “espiritismo”.

William Lindsay Gresham

Sin embargo, en esta novela no ocurre eso. Aunque dé la impresión de que se reafirma la extendida creencia en la falsedad de las corrientes espíritas, en realidad a mí no me lo parece. Y el autor, que fue un apasionado de lo oculto y de las cartas del tarot (con las que presenta cada capítulo), puede que tampoco lo creyera. Ya no lo podremos saber. Su suicidio, tan lleno de secretos y tristes pensamientos, tampoco nos da una pista clara al respecto. Pero en todo caso no es difícil pensar en su protagonista como un buscador a la inversa, un caminante más perdido en el sendero de la mano izquierda que otra cosa, que trata denodadamente de negar y aplastar todo aquello que le genera una cierta inquietud. Su búsqueda, teñida de lucro y aprovechamiento, se parece a veces a un mismo trance del lado oscuro, a un insulto persistente a unas puertas que nunca ha logrado cruzar. Si no se abren ante él, creará su propio tránsito hacia la verdad que, al fundarse en cimientos interesados, no podrá conducir más que a habitáculos de mentira. Pero la forma es importante. Y su progreso en todas estas malas artes es tan ascendente en la forma como descendente en la intención: de los malabares pasa a juegos de magia, de ilusionismo y adivinación, para desembocar en el contacto espiritista. ¿Qué le lleva a seguir esa ruta? ¿Qué ha perdido? Qué busca? ¿Es sólo poder y dinero? Quién sabe. En todo caso el perfecto charlatán no suele devenir un personaje torturado como éste. Creo que el autor se perdió en un camino similar aunque puramente mental. Si existe una dinámica de los espíritus, si evolucionan entre los encarnados transmitiendo diferentes formas de conocimiento e información, si es verdad que nunca abandonan del todo sus centros afectivos… probablemente los notes sonreír a tu espalda mientras lees este libro, que también estarán leyendo ellos a la vez, sin la menor duda.]

   “(…) En el vagón, bajo las luces atenuadas, los feriantes se sentaban de cualquier manera, apiñados unos contra otros, apoyando la cabeza en el hombro del otro; en los pasillos, algunos se habían tendido sobre periódicos. En un rincón dormía Molly, los labios un tanto entrebiertos y la cabeza contra el cristal de la ventanilla negra.

   Qué desamparados se veían todos en la frialdad del sueño. Un tercio de la vida lo pasas inconsciente, como un cadáver. Y algunos, la gran mayoría, cuando no dormían tampoco estaban mucho más despiertos, igual de desamparados ante el destino. Recorrían un callejón oscuro hacia la muerte. Enviaban sus antenas exploradoras a la luz y se topaban con el fuego, y reculaban hacia la oscuridad tanteando a ciegas.” 

 

   “(…) -¿Alguna vez viajaré?

   Zeena captó la señal:

   -Este hombre se pregunta por algo que va a ocurrir, y yo quiero decir aquí y ahora que creo que va a cumplir su deseo. Y creo que cumplirá su deseo de viajar. Usted quiere hacer un viaje a alguna parte. ¿No es eso? Bueno, veo algunos problemas por el camino y veo una multitud de gente… son hombres y hacen muchas preguntas. Pero veo que acabará completando el viaje, no tan pronto como le gustaría, pero sí dentro de un tiempo. Y al final le espera un trabajo. Un trabajo con una buena paga. Queda un poco al norte de aquí; estoy segura de eso.

   Segurísimo. Todos quieren ir al norte, se dijo Stan. Era el callejón oscuro, una y otra vez. Y una luz al final. Desde que era niño, Stan había tenido ese sueño. Corría por un callejón oscuro, a cada lado había edificios vacíos, negros y amenazantes. Muy a lo lejos se veía la luz; pero había algo detrás de él, justo detrás de él, cada vez más cerca, hasta que se despertaba temblando y nunca alcanzaba la luz. Ellos también lo tenían: un callejón de pesadilla. El norte no es el final. La luz seguirá alejándose. Y el miedo estará justo a tu espalda. Blancos y negros, qué más da. El monstruo y su botella, esquivando las garras de la cosa que los persigue.

   Al caluroso sol del mediodía, el frío aliento podía rozarte la nuca. Tener a una mujer en brazos era una barrera. En cuanto se quedaba dormida, las paredes del callejón se iban cerniendo sobre tu sueño y seguían las pisadas. (…)”

 

De El callejón de las almas perdidas, William Lindsay Gresham, Editorial Sajalín, (2011)

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~ por juannicho en junio 5, 2012.

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