Cualidad excrementicia de Banca e Iglesia (Dos meditaciones sobre el asco de Manuel Pereira)

Manuel Pereira

 

  “Para una cronología del asco habría que empezar con la mujer de Lot transformada en estatua de sal por mirar hacia Sodoma, Milton refiere que nuestros padres al ser expulsados vuelven nostálgicos su mirada al Este del Paraíso convertido en desierto, y cuando Jesús salió del sepulcro le dijo a Magdalena “No me toques”. Primero: todo pecado se traduce en ruinas. Segundo: no se deben mirar nuestras ruinas. Tercero: tampoco se deben tocar. (…)

   En la coprofagia de los niños, que nunca mienten, asistimos al último vestigio de candor de los tiempos adámicos. El tabú que impide tocar a los muertos, el noli me tangere, no conoce fronteras. ¿Se trata de un instinto congénito, como el gato que cubre sus excrementos para despistar a sus enemigos? ¿Es un impulso atávico o una conquista cultural, un conjuro para conservar la higiene? La micción voluntaria es un reflejo adquirido mediante la cultura, dado que en la primera infancia todavía somos unos salvajes que orinamos sin control. De la misma manera, las muecas de la náusea pudieran ser una gesticulación heredada, estudiada, artificial, la institucionalización de una pose.

   Sea como fuere, no es raro que una sociedad intolerante que achicharra a una mujer bella acusándola de bruja o a un hombre que piensa diferente culpándolo de hereje, instale una ética del asco contra la naturaleza humana. Casi todos los tratados y los concilios de entonces insisten en que el hombre está formado de asqueroso semen y nutrido con inmunda sangre menstrual. Los teólogos se escandalizan de que la humanidad sude, apeste, escupa, genere legañas, estornude, expulse ventosidades, críe caspa, orine, defeque, tenga sangramientos y eyacule; pero en vez de inventar el desodorante, el condón, el bidé, el champú y el inodoro, se consagraron mil años a meditar en el más allá, lo que además entraña una contradicción flagrante, ya que si la criatura que tanto aborrecen fue hecha a imagen y semejanza del Creador, todos estos reproches conciernen a Jehová. A menos que un Adán desparaizado ya no sea de la incumbencia de Dios ni se le parezca tanto, pues ahora tiene esfinter.”

 

   “(…) Me invadió una marejada de rubor proporcional al hecho de ser sorprendido, en medio de la calle, en el acto de la defecación; el bochorno escatológico que emana sutilmente del dinero. No por gusto la etiqueta con el precio se despega de los regalos y la propina se esconde debajo de la servilleta. El dinero es una sustancia pecaminosa que manipulamos con asco. Por algo se inventaron las tarjetas de crédito. Nadie se quita los guantes para dar una limosna. Las cajas de caudales permanecen herméticamente cerradas, similares a inodoros o tumbas. Mi abuela enterraba sus ahorros debajo de una baldosa, como el perro oculta bajo tierra un hueso apestoso. ¿Por qué será que universalmente el diseño más socorrido para confeccionar alcancías es la figura de un puerco? Algunos bancos tienen fachadas minuciosamente fúnebres, y cuando se saca una gran cantidad en metálico no es sólo por precaución que se guardan los billetes en un maletín duro y rectangular como un sarcófago, sino para eludir una escandalosa vergüenza pública. En el fondo de todo secreto bancario yace un misterio excremental.”

De Toilette, Manuel Pereira, Ed. Anagrama, 1993

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~ por juannicho en junio 7, 2012.

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