Alguien ha comido lengua (Lem y el nihilismo expresivo)

 

  “(…) Así podría desarrollarse la trama de una novela más corriente, pero no la obra de Solange Marriot: el narrador no puede asustarse de nada, porque no lo hay. ¿Entonces, qué ocurre? El mismo lenguaje primero sospecha y luego comprende que no existe nadie fuera de él, que al tener sentido (si es que lo tiene) para todo el mundo, para cada persona, no es, nunca ha sido ni pudo serlo, una expresión personal. Apartado de todas las bocas a la vez, como si fuera una tenia que se debía escupir, un parásito inmundo que hubiese devorado a sus huéspedes, que los hubiese matado mucho tiempo atrás (tanto que el recuerdo de su crimen, cometido inconscientemente, se habría extinguido y borrado de su memoria), el lenguaje, parecido a la envoltura del globo, tensa y firme mientras conserva el gas que la hincha, empieza a hundirse. Este hundimiento del habla no se convierte en balbuceo ni es un síntoma de miedo. Se asusta sólo el lector, es él quien, como per procura, vive ese tormento, totalmente despersonalizado. Sigue todavía funcionando en unas páginas, durante unos momentos, la maquinaria de la gramática, las piedras molares de los substantivos, el rodaje de la sintaxis, que trituran, cada vez más lentamente pero siempre con la misma precisión, el vacío que los corroe de parte a parte… Y así acaba todo, a media frase, a media palabra… La novela no se termina: se para. Al principio, en las primeras páginas, el lenguaje está seguro de sí mismo, ingenuo, lleno de sentido común y de fe en su propia soberanía. Socavado poco a poco por la traición que cometía tácitamente, o, mejor dicho, por el conocimiento progresivamente adquirido de la verdad sobre su origen externo e ilegítimo, sobre el abuso deshonesto del cual era culpable (puesto que el libro es el Juicio Supremo de la literatura), el lenguaje comprende al fin que constituye una forma de incesto: el ayuntamiento ilícito de la inexistencia con la existencia, y se decide por una autonegación suicida.”

 

 De Vacío perfecto, Stanislaw Lem, Ed. Bruguera, 1981

 

Anuncios

~ por juannicho en julio 4, 2012.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: