El matemático Yves Lignon habla sobre la atención a los fenómenos paranormales

 

   “Un científico es libre de plantearse cualquier pregunta, de poner en duda cualquier afirmación, de investigar toda prueba, de corregir todo error.”         (J. Robert Oppenheimer)

 

 

   “Antaño, los hombres confiábamos por completo en los dioses, pero hoy en día es posible que creamos algo más en nosotros mismos. Sin embargo, al igual que nuestros ancestros, estamos rodeados de hechos y acontecimientos que no acabamos de comprender, pero cuya existencia se impone a nuestra inteligencia y nos permitiría retomar nuestro camino si no nos cerráramos a las preguntas que se nos plantean. Yo he querido informar sobre algunos de estos hechos y formular algunas de estas preguntas.

   Todo ser humano experimenta una profunda atracción por lo maravilloso. Los charlatanes son conscientes de ello y se aprovechan. Pero del mismo modo que no podemos aceptarlo todo, tampoco podemos negarlo todo.

   Voy a contarle una historia que es todo un clásico. Un buen día, a finales del siglo XVII, se anunció el nacimiento de un niño que tenía un diente de oro. Todos los charlatanes se apresuraron a interpretar este acontecimiento tan excepcional. Los más atrevidos afirmaron que se trataba de un signo que anunciaba el fin del mundo y clamaron a diestro y siniestro su desprecio por los más tímidos, que se contentaron con predecir graves acontecimientos políticos. El escritor Fontenelle, especializado en lo que ahora se conoce como divulgación científica, examinó el diente y descubrió que había sido recubierto toscamente por una capa de oro. Los padres del niño sin duda tenían ganas de conseguir un poco de dinero o de darse a conocer.

   Casi un siglo después, el gran químico Lavoisier negó la existencia de los meteoritos, afirmando que era imposible que cayeran piedras del cielo por la simple razón de que allí no había rocas por ninguna parte. Años después, un meteorito se convirtió en el protagonista de una aventura de Tintín y el hombre caminó sobre la Luna.

   Estas historias demuestran que sólo la duda es razonable. Descartes nunca dijo otra cosa, aunque muchos de los que ahora hablan en su nombre lo hayan olvidado… si es que alguna vez llegaron a saberlo. Un cartesiano tiene la obligación de considerar todas las hipótesis, incluso las más disparatadas, con la única condición de mantener un estricto rigor en su estudio. Pero como la seducción de las hipótesis muchas veces logra imponerse sobre la prudencia de la experimentación, muchos científicos eligieron mal su camino durante la gran época del espiritismo. Esto desequilibró la balanza, y la inocencia que mostró Crookes ante el caso de Katie King proporcionó una excusa a quienes se situaban en el extremo contrario y deseaban convencernos de que ninguna hipótesis nueva merecía ser examinada. Sin duda se equivocaban. En la era de Internet, las páginas web de los grandes laboratorios de parapsicología del mundo no hacen más que confirmar que el escepticismo sistemático es, piensen lo que piensen sus partidarios, algo totalmente irracional y arcaico.

Yves Lignon, fundador del Laboratorio de Parapsicología de Toulouse

   Ya para concluir, creo que deberíamos reflexionar un poco sobre la actitud que muestran algunos científicos que no sólo consideran que estudiar los fenómenos parapsicológicos sea una pérdida de tiempo, sino que además se oponen (a menudo con violencia) a aquellos colegas que consideran que estos casos son dignos de interés. Esto es especialmente cierto en Francia, un país que de repente acumula un importante retraso, a pesar de que bate todos los récords en lo que respecta al número de charlatanes. Si observamos lo que ocurre en otros países, es inevitable constatar que los escépticos muestran la misma actitud que presentó la Iglesia católica cuando Copérnico descubrió que la Tierra giraba alrededor del Sol: niegan la realidad porque esta les desconcierta.

   Sin embargo, no cabe duda de que un relato extraño no siempre acabará convirtiéndose en una historia real ni en un desafío para la ciencia. Por apasionantes que le resulten los misteriosos relatos que aparecen en esta obra, espero que cuando cierre el libro recuerde que los conocimientos actuales han permitido arrojar un poco de luz sobre muchos de ellos, pero que en muchos otros las investigaciones deben continuar. Casos como el de la rectoría de Borley y el regimiento que desapareció demuestran este punto.

   Sin embargo, creer (pues se trata de una simple creencia) que la ciencia de hoy en día puede explicar todas las cosas que ocurren sería como vivir aún en el año 1900. Los seres humanos hemos experimentado hechos extraños y aún no sabemos responder al cómo ni al por qué. Como estadístico, poseo cierto conocimiento -modesto pero intensamente apasionado- de la ciencia y sé que los casos que aún quedan por responder nos permitirán explorar unos territorios inmensos que ahora sólo podemos mirar de reojo. Para conseguir dar respuesta a esos casos, basta con tener la voluntad de avanzar hasta superar la frontera de nuestro saber.”

 

“Conclusión”, en Fenómenos extraños puestos a prueba por la ciencia, Yves Lignon, Ed. De Vecchi, 2011

 

 

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~ por juannicho en julio 7, 2012.

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