Teoría de la impregnación libresca (o Rudimentos de la nueva carne de los libros)

 

Imagen aparecida de repente cuando me disponía a buscar una imagen adecuada.

 

   Tanto tiempo sin escribir en este blog para venir a hacerlo ahora con una de mis descabelladas teorías de chatarrería esotérica . ¡Qué poco sentido de la armonía y el equilibrio! Y sin embargo no me la quito de la cabeza, probablemente porque es descabellada, pero también porque no sirve para nada y de hecho, revela bien pocas cosas sobre nuestra realidad. Y sin embargo le he cogido cariño, ya ves tú.

   Desde siempre había oído esos viejos adagios populares que aseguran que los perros se parecen a sus dueños. Esto lo puede atestiguar cualquier avisado observador. Sin embargo, lo que no nos aclara esta pequeña pieza de cultura popular es lo que a nosotros más nos interesa: ¿Se parecen porque se atrajeron en el momento de la adquisición o encuentro primero… o es que se HAN IDO ASIMILANDO ORGÁNICAMENTE día tras día en un inefable proceso de identificación subatómica que ha dado como fruto esa semejanza paulatina que a la postre podemos disfrutar luego todos?

   Que las cosas similares se atraen es un hecho, ahí están las afinidades electivas que van desde los elementos químicos a los seres que se “ajuntan” dominados por una inexplicable imantación. De tal modo, las mismas partículas constituyentes de las cosas variarían su forma para adecuarse a una, digamos, forma intermedia que a su vez ya se está adoptando frente a ellas. Tiene sentido. Por eso no son sólo los perros y sus dueños los que se parecen, sino todo tipo de animales, plantas y humanos en comunión interespecista e interregnual en una especie de guiso a fuego lento en el que las formas se cantan y se celebran en la semejanza adquirida. Así muchos ancianos, que han tenido tiempo para cocer a fuego lento este proceso, se parecen como dos gotas de agua. En otras ocasiones no es una identidad aparente completa, sino la sincronía de un rasgo en concreto el que se plasma en esa especie de “todo es doble” que se precipita sobre todas las cosas. Puede ser esa expresión perspicaz del gato y de su dueña, esa forma tan especial de balancearse la planta con el viento cuando la espigada anciana la observa durante horas… Ese techo que es ya toda una experiencia extracorpórea.

   Y aquí entramos en el devenir libresco de la impregnación. Ya había notado que esto ocurría de tanto en tanto pero no quería prestarle demasiada atención. A fin de cuentas, podría estar siendo víctima de un afán desmedido de relacionar las causas y los efectos, de un ataque de pensamiento circular facilitado por determinados desencadenantes paranoides… El hecho, enunciado de un modo sencillo, podría verse del siguiente modo (Dados dos libros que se llevan juntos en la mano por la calle):

   “Todo libro dotado de una fuerza suficiente de convicción acaba promoviendo una extensión de su contenido que deriva en una transformación repentina de los contenidos del libro que le acompaña, que ve como se produce una mutación de su argumentario en favor de la temática subyacente al libro más seguro de la fortaleza de su propia esencia.”

   Ya digo que lo he visto y disfrutado otras veces, pero la semana pasada ocurrió DOS veces casi seguidas y con un libro de especial protagonista: Consciencia más allá de la vida, del cardiólogo belga Pim van Lommel. En él, que aún ando leyendo, se relatan diferentes casos de experiencias cercanas a la muerte, sus posibles explicaciones y la trascendencia que tienen semejantes casos para un vuelco total de nuestra manera de ver el mundo.

   El primer momento de impregnación (debo decir que generalmente alterno la lectura de pasajes de dos libros a la vez), el primer momento, decía, se empezó a preparar cuando cerraba las tapas de este libro y abría las de la colección de cuentos de George Langelaan, conocido sobre todo por el relato que inicia la colección: “La mosca”, que tan bien supo reinterpretar David Cronenberg… La tendencia en los relatos iba de lo fantástico a lo racional con connotaciones puramente científicas y al final… a lo policiaco puro y duro. Es decir, que había ido evolucionando desde lo más fantasioso (con la mosca a la cabeza y una especie de vida irreal dentro del televisor -¿antecedente de “Videodrome”?-) a historias de unas características comunes al más clásico género negro.  Y tras terminar un apartado especialmente impactante sobre la generalidad de las experiencias cercanas a la muerte de Van Lommel, me encontré con “Vuelta a empezar”, un impropio relato de Langelaan que se inicia con la descripción también genérica y prototípica de una experiencia extracorpórea en relación con la muerte. Nada que ver con todo lo anterior. Indudable influencia de impregnación.

   En esta situación, y de acorde al carácter del autor, vemos cómo lleva este viaje sutil del espíritu a caminos ya sin aparente retorno, más allá de todo conglomerado físico, hasta un resultado no por previsible menos conmovedor.

   El segundo caso en el que no podía esperarse una relación de temáticas en principio tan dispersas como pueden ser los contenidos de novelas o cuentos con los sesudos tomos de ensayo e investigación científica, se dio también con el libro de las ECM (experiencias cercanas a la muerte) en relación física directa, esta vez, con una novela: Ruido de fondo, de DonDeLillo. En este caso, acababa de leer en Van Lommel las enseñanzas que los monjes tibetanos daban acerca de los estadios intermedios que el espíritu debía pasar tras la muerte. Las interzonas. Correspondía esto a una panorámica sobre el modo en que diferentes culturas y religiones veían el asunto de la continuidad del alma post-mortem. Era un capítulo pequeño antes de los más extensos sobre los estudios científicos de las ECMs. Sólo cerrarlo y abrir la novela de DeLillo me encuentro con un profesor de Cultura Popular de una universidad de medio pelo de alguna zona rural americana hablando a un especialista en Hitler y su mujer de este modo:

   “-Los tibetanos creen que existe un estado transitorio entre la muerte y el renacimiento -oí que le decía-. La muerte representa básicamente un período de espera. Al poco tiempo, un útero nuevo se encargará de albergar el alma. Entretanto, el alma recupera parte de la divinidad que perdió en su nacimiento.”

   Y seguía casi como una continuación de la exposición del otro libro. Y diréis: “Bueno, es normal, si coges libros de temática o ánimo similar ocurrirán por fuerza estas cosas.” Pero es que el libro de DeLillo no habla prácticamente en absoluto de la espiritualidad a menos que sea como producto de uso cultural y de un modo muy marginal. En todo caso, flota en el libro ese miedo a la muerte que se oculta bajo la seguridad de nuestras vidas tecnificadas. Las referencias a los monjes tibetanos y a los “bardos” (las interfases) resultaba, cuando menos, llamativa. De hecho, ocurría con los personajes haciendo la compra en un supermercado:

   “Observó su perfil, intentando detectar alguna reacción.

   -Suelo pensar en eso cada vez que vengo aquí. Este lugar nos proporciona una recarga espiritual, nos prepara, es como una frontera o un sendero de acceso. Fíjate en su brillo. Está repleto de información extrasensorial. (…) Grandes puertas deslizantes que se abren y se cierran espontáneamente. Ondas de energía, radiación incidente. Ahí están todas las cifras y las letras, todos los colores del espectro, todas las voces y sonidos, todos los términos codificados y frases ceremoniales. Tan sólo es cuestión de descifrarlos, reordenarlos, despojarlos de sus envolturas de impenetrabilidad. Tampoco es que queramos hacerlo, ni que de hacerlo fuéramos a conseguir nada de ello. Esto no es el Tibet. Ni siquiera el Tibet es ya el Tibet.”

   Si os fijáis bien, al final el personaje se encuentra extrañado de su propio discurso, como si imperceptiblemente éste se hubiera ido tiñendo de un tono y unas palabras ajenas que ahora nosotros, al fin, sabemos ya de dónde proceden.

   ¿Sincronicidad, impregnación, construcción permanente de la realidad, serendipia, señales con contenido oculto, información cifrada, avisos para navegantes, renglones torcidos de una gran obra flotante, restos del manual de instrucciones de la vida dinamitado en la noche de los tiempos, errores del sistema,… magia?

   Quién sabe.

 

 

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~ por juannicho en noviembre 3, 2012.

3 comentarios to “Teoría de la impregnación libresca (o Rudimentos de la nueva carne de los libros)”

  1. Me inclino por “construcción permanente de la realidad” (ya sabes que soy más prosaico que tú)…
    Por cierto, Ruido de fondo lo abandoné por la mitad. Por alguna causa, en el momento de la lectura, creo recordar, me pareció un tostón. ¿Tú cómo lo ves?

    • Pues aún no he llegado a la mitad, pero me parece muy divertida. Especialmente ese profesor de Cultura Popular. Y el hecho de que el especialista en Hitler no sepa alemán y lo estudie penosamente para el congreso donde vendrán alemanes DE VERDAD… No sé, todos me hablaban mal de este hombre, pero me está sorprendiendo muy positivamente. Seré raro. (Es un caso para el Círculo, sin duda).

  2. Buenas , cirulares y rotatorios cofrades .

    Lo fiaré a la credulidad de sus mercedes , pero tras abondonar temporalmente la frecuentación y husmeo de este blog al constatar su… ¿Páralisis Temporal ? , cual no será mi sorpresa al comenzar la lectura de las entradas retrasadas por la última , y leer esto, a todo lo anterior me refiero , a su comentario también señor marqués .
    Mi sorpresa estriba en que me hallo inmerso , entre otras , en la lectura de Underworld … aquí en mi purgatorio EROSKI . Manda cojones.
    Mi opinión sobre De Lillo , de momento buena , ya hablaremos en círculo si lo estiman oporuno .
    Aprofito la avinantessa y el curso del Pisuerga para saludar al Marqués .
    A su entera disposición , los consabidos y habituales parabienes y etcéteras…mutis por el foro .

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