Un anarquista en la página de sucesos (Felix Féneon y su mirada atenta al estropicio cotidiano)

 

   [Aquí, eso de “vidas amenas”, no va dirigido sólo al recuerdo de la peculiar existencia de este autor, sino que se expande de un modo multicolor y panorámico por las centenares de vidas que, a su modo austero y sin embargo mágico, narró en sus pequeñas crónicas de sucesos. Por ello lo importante de este asunto no será ya tanto la peripecia extraña de su acusación de dinamitero (seguramante lo era, aunque por su modo de hablar, es de esperar que hiciera gala de un anarquismo más elegante y eficaz), sino su especialísima mirada a la hora de reducir los grandes (para quien los vive) dramas que se esparcen por el mundo en todas las épocas, a un formato minúsculo y que, sin embargo, nos evoca toda una gama de posibles ramificaciones dentro de las pesadillas en que nos embarcamos los humanos cuando se nos cruzan los cables… Con ustedes, Felix Fénéon, el anarquista miniaturista de la chapuza humana:]

 

   “Funcionario ejemplar por el día, dandy y anarquista bombista por las noches, Félix Fénéon es una de las personalidades más extrañas y asombrosas de la literatura europea del XX. Secundario de lujo en el panorama artístico, valedor de Gide, Proust y Schwob, el periódico Le Matin le encarga en 1906 la elaboración de la página de sucesos: allí bregará con accidentes, peleas, tumultos, incendios y asesinatos. Fénéon cambia totalmente el anodino estilo de redacción de la columna de faits-divers por uno que se sirve de la retórica, el ritmo y la prosodia para relatar concisamente, en tres líneas, sucesos cargados de sarcasmo y humor negro, acontecimientos truculentos y triviales, pequeñas cápsulas de vida de alto contenido explosivo. El resultado es un conjunto de cerca de 1.200 breves textos que llegan a nosotros con una frescura y un descaro que todavía hoy nos parecen sorprendentes. Novelas en tres líneas es un libro de una rareza apasionante, un retrato hilarante y extremadamente cruel de la sociedad francesa de principios del XX.”
 
(Contraportada de la edición de Impedimenta)

 

Felix Fénéon (1861-1944)

   “El traslado, organizado por Souvenir Français, de diez féretros de húsares, ha dado pie a varios discursos en el cementerio de Niort.

   Desde su infancia, la señorita Mélinette, de dieciséis años, cosechaba flores artificiales en las tumbas de Saint-Denis. Se acabó: ahora está en el depósito de cadáveres.

   Ayer por la noche, en plena calle Saint-Bon, V. Choine, de quince años, recibió en el muslo un balazo que debió de ser disparado -¿por qué?- desde una casa cercana.

   A los veinte años, el señor Julien se ha saltado la tapa de los sesos en los aseos de u hotel de Fontainebleau. Penas de amor.

   Tijera en mano, Marie Le Goeffic se balanceaba en un columpio. De este modo, al caerse, e las clavó en el vientre. En Bretonneau.

   A la orilla del río, en Saint-Cloud, se ha hallado el sable y el uniforme del soldado Baudet, desaparecido el día once. ¿Asesinato, suicidio o montaje?

   Las pulgas de su vecino Giocolino, que es domador de dichos insectos, acosaban al señor Sauvin. Quiso apoderarse de la caja, y recibió dos balazos.

   En la playa de Saint-Anne (Finisterre), dos bañistas se estaban ahogando. Otro bañista acudió. De esta manera, el señor Étienne tuvo que salvar a tres personas.

   Enfermo y sin esperanza de curación, el señor Cr. Bulteaux se ha abierto las venas de las muñecas en el bosque de Clamart y se ha colgado de una encina.

   Vengando a su tribu que un áspero gendarme de Argenteuil expulsaba de Cormeilles-en-Parisis, la gitana Nita Bosch lo mordió.

   Sacando agua del pozo con una botella, en Maretz-sur-Matz (Oise), G. Antoine perdió el equilibrio y se ahogó.

   A los ochenta años, la señora Saout, vecina de Lambézellec (Finisterre) empezaba a temer que la muerte se olvidara de ella; ausente su hija de casa, se ahorcó.

   Un obrero del puerto de Tolón, Honoré Maffei, que había disparado seis balas contra su sobrina, fue linchado más que a medias.

   En el cuerpo de Bécu, de veintiocho años, que llegó al hospital Beaujon con un orificio de bala, se contaron veintiocho cicatrices. Su apodo en los bajos fondos: el Diana.

   El amor, decididamente, no sabe estarse quieto. Émile Comtet, calle Davy 25, hincó un cuchillo en el pecho de su mujer.

   Los salineros de Les Pesquiers, en Hyères, querrían echar un poco de sal a su nómina salarial. A tal efecto, están en huelga.

“Felix Fénéon en la revista Blanche” (1896) Felix Vallotton

   Cuatrocientos eclesiásticos recibieron en la estación de Moulins a monseñor Lobbedey, su nuevo obispo. Cinco de ellos fueron detenidos en pleno furor sagrado.

   Fue jugando al boliche como la apoplejía abatió al señor André, de setenta y cinco años, vecino de Levallois. Su bola todavía seguía rodando cuando él ya había dejado de existir.

   En el Trianon, un visitante se ha desnudado y se ha acostado en el lecho imperial. Se duda que sea, tal como él dice, Napoleón IV.

   Todo el plomo destinado por el señor Pregnart a las perdices de Les Alleurs-le-Roi, lo recibió su amigo Claret en la grupa.

   Haber terminado la mili vuelve loco a Bertin, del 22º de artillería, en Versalles: se desnuda delante de san Antonio y se declara cerdo suyo.

Fénéon por Vallotton

   Despedido el martes por su patrón, el chico de trece años Godillot, vecino de Bagnolet, no se atrevió a regresar a su domicilio. Vuelve, muchacho: tu familia te espera.

   El mendigo septuagenario Verniot, natural de Clichy, ha muerto de hambre. Su jergón ocultaba dos mil francos. Pero no hay que generalizar.

   “¡Moriré como Juana de Arco!”, decía Terbaud desde lo alto de una pira hecha con sus muebles. Los bomberos de Saint-Ouen se lo impidieron.

   El único superviviente del Coat-Coal, Texier, cuenta, en Lorient, que estuvieron charlando agarrados a unos pecios durante una hora en la negra noche.

   Aguardiente, creía él. Pero vaya, era fenol. De este modo, Philibert Faroux, vecino de Noroy (Oise), no sobrevivió más que dos horas a su última noche de francachela.

   La señora Olympe Fraisse cuenta que, en el bosque de Bordezac (Gard), un fauno le hizo sufrir maravillosos ultrajes a sus sesenta y seis años.

   Se van, se van, las bailarinas laosianas que adornaban la exposición de Marsella, se van hoy, a bordo de Le Polynésien.

   Hay demasiada gente que anuncia: “¡Te voy a cortar las orejas!” Vasso, natural de Issy, no dijo ni una palabra a Biluet, y lo desorejó de veras.

   Detrás de un féretro, Mangin, vecino de Verdun, iba caminando. Aquel día no llegó al cementerio. La muerte lo sorprendió de camino.

Felix Vallotton

   Dar la vuelta al mundo: con este programa, Louis Legrand, Bedroux y Lenoël, treinta y seis años entre los tres, se han evadido de la colonia de Gaillon.”

De Novelas en tres líneas, Felix Fénéon, Ed. Impedimenta, 2011

 

 

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~ por juannicho en noviembre 10, 2012.

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