Pigmaliones asesinos

 

ESMIRNA

1653

 

Foto: Francisco Mas Manchón

Foto: Francisco Mas Manchón

 “Las lluvias de enero han dejado la ciudad cubierta de lodo. Una de las cuadrillas que reparan los desperfectos en la vía del puerto han encontrado, entre un derrumbe ocasionado por las aguas, una estatua de mármol que representa a una mujer con el cabello recogido y un pecho descubierto.

   Sin duda, es cosa de los antiguos. El capataz ordena que la saquen de los escombros y la pongan en pie. Viste una túnica ligera, algo así como una gasa húmeda que se adhiere a su vientre y sus muslos, y en la mano izquierda sujeta un cántaro de agua. El paño mojado que uno de los aprendices restriega por su rostro deja al descubierto una leve sonrisa y una mirada serena perdida en el suelo.

   De un solo golpe, el capataz le rompe la nariz con su piqueta. Los demás comienzan a tirarle cascotes sin demasiada buena puntería. Luego, desde más cerca, le golpean el rostro con las palas y le arrancan los dedos y el brazo levantado. Es sabido que los demonios se cuelan en los cuerpos sin alma de las estatuas y hostigan a los hombres desde ellas, y que sólo mutilándolas y rompiendo sus rostros se consigue que huyan y que busquen refugio en otro lado.”

 

Pedro Olalla, Historia menor de Grecia, Ed. Acantilado, 2012

 

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~ por juannicho en enero 9, 2013.

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