El fuego se descubrió por amor (Bachelard en la hoguera del psicoanálisis)

 

   “(…) Si una explicación racional y objetiva es verdaderamente poco satisfactoria a la hora de rendir cuenta de algo descubierto por un espíritu primitivo, una explicación psicoanalítica, por aventurada que ella parezca, deberá ser, finalmente, la explicación psicológica verdadera.

   En primer lugar, es preciso reconocer que el frotamiento es una experiencia fuertemente sexualizada. No supone gran esfuerzo convencerse de ello recurriendo a los documentos psicológicos reunidos por el psicoanálisis clásico. En segundo lugar, si se intenta sistematizar las indicaciones de un psicoanálisis especial de las impresiones calorígenas, será fácil convencerse de que el ensayo objetivo de producir fuego mediante el frotamiento es sugerido por experiencias perfectamente íntimas. En todo caso, por este lado es más corto el circuito entre el fenómeno del fuego y su reproducción. El amor es la primera hipótesis científica para la reproducción objetiva del fuego. Prometeo es un amante vigoroso antes que un filósofo inteligente, y la venganza de los dioses es una venganza por celos.

   En el momento en que esta anotación psicoanalítica ha sido formulada, una multitud de leyendas y de costumbres se explican satisfactoriamente; expresiones curiosas, inconscientemente mezcladas con explicaciones racionalizadas, se esclarecen bajo una luz nueva.”

 

   (…)

 

hoguera

 

   “Nuestra tesis parecería menos arriesgada si la gente supiese librarse de un utilitarismo intransigente y cesase de imaginar sin discusión al hombre prehistórico bajo el signo de la desgracia y de la necesidad. Todos los viajeros nos hablan en vano de la despreocupación del primitivo: no dejamos por ello de estremecernos ante la imagen de la vida en la época del hombre de las cavernas. Puede que nuestros antepasados fuesen más afables ante el placer, más conscientes de su felicidad, en la proporción en que eran menos delicados ante el sufrimiento. El cálido bienestar del amor físico ha debido valorizar muchas experiencias primitivas. Para inflamar un palo deslizándolo por una ranura en la madera seca, hace falta tiempo y paciencia. Pero este trabajo debía resultar muy dulce para un ser cuya toda ensoñación era sexual. Es posible que en ese tierno trabajo, el hombre haya aprendido a cantar. En todo caso, es un trabajo evidentemente rítmico, un trabajo que responde al ritmo del trabajador, que le proporciona bellas y múltiples resonancias: el brazo que frota, las maderas que baten, la voz que canta, todo se une en la misma armonía, en la misma dinamogenia ritmada; todo converge en una misma espera, hacia un fin cuyo valor se conoce. Desde que se empieza a frotar se tiene la prueba de un dulce calor objetivo, al mismo tiempo que la cálida impresión de un ejercicio agradable. Los ritmos se sostienen unos a otros. Se inducen mutuamente y se mantienen por autoinducción. Si se aceptasen los principios del Ritmoanálisis de Pinchero dos Santos, que nos aconseja no otorgar la realidad temporal sino a lo que vibra, se comprendería inmediatamente el valor del dinamismo vital, del psiquismo cohesor que interviene en un trabajo de tal modo ritmado. Verdaderamente, el ser entero está en fiesta. Y es en esta fiesta, más que en un sufrimiento, donde el ser primitivo encuentra la conciencia de sí, que es, antes que nada, la confianza de sí.”

 

   (…)

 

Gaston Bachelard (1884-1962)

Gaston Bachelard (1884-1962)

 

   “Si se arrancaran de la obra de Novalis las intuiciones del fuego primitivo, parecería que toda la poesía y todos los sueños se habrían disipado de golpe. El caso de Novalis es tan característico que podría hacérsele tipo de un complejo particular. Poner nombres a las cosas en el campo del psicoanálisis basta frecuentemente para provocar un precipitado: antes del nombre no había más que una solución amorfa y turbia, después del nombre se ven los cristales en el fondo del licor. El complejo de Novalis sintetizaría el impulso hacia el fuego provocado por el frotamiento, la necesidad de un calor compartido. Este impulso reconstruiría, en primitividad exacta, la conquista prehistórica del fuego. El complejo de Novalis se caracteriza por una conciencia del calor íntimo, dominando siempre sobre una ciencia totalmente visual de la luz. Está fundado sobre una satisfacción del sentido térmico y sobre la conciencia profunda de la felicidad calorífica. El calor es un bien, una fusión recíproca. La luz juega y ríe en la superficie de las cosas, pero sólo el calor penetra. En una carta a Schlegel, Novalis escribe: “Veo en mi cuento una antipatía por los juegos de luz y de sombra, y el deseo del Éter claro, cálido y penetrante.”

   Esta necesidad de penetrar, de ir al interior de las cosas, al interior de los seres, es una seducción de la intuición del calor íntimo. Donde el ojo no va, o la mano no entra, el calor se insinúa. Esta comunión con lo interior, esta simpatía térmica, encontrará en Novalis su símbolo en el descenso por el hueco de la montaña, en la gruta y en la mina. Allí el calor se difunde y se iguala, se difumina como el contorno de un sueño. Como lo ha reconocido muy bien Nodier, toda descripción de un descenso a los infiernos tiene la estructura de un sueño. Novalis ha soñado la cálida intimidad terrestre como otros sueñan la fría y espléndida expansión del cielo.”

 

(…)

 

bachelard

 

   “Si el fuego es tan capcioso, tan ambiguo, todo psicoanálisis del conocimiento objetivo debería comenzar por un psicoanálisis de las intuiciones del fuego. No estamos muy lejos de creer que el fuego es precisamente el primer objeto, el primer fenómeno ante el cual el espíritu humano ha reflexionado; entre todos los fenómenos sólo el fuego merece, para el hombre primitivo, el deseo de conocer, porque va acompañado del deseo de amar. Se ha repetido frecuentemente que la conquista del fuego separaba definitivamente al hombre del animal, pero puede que no se haya advertido que el espíritu, en su destino primitivo, con su poesía y su ciencia, se estaba formando en la meditación del fuego. El homo faber es el hombre superficial; su espíritu se fija sobre algunos objetos familiares, sobre algunas formas geométricas groseras. La esfera, para él, no tiene un centro: realiza simplemente el gesto redondeado que solidariza el hueco de las manos. El hombre soñador ante su hogar es, por el contrario, el hombre profundo y dueño de un devenir. O mejor dicho aún: el fuego da al hombre que sueña la lección de una profundidad que tiene un devenir: la llama brota del corazón de las ramas.”

 

De Psicoanálisis del fuego, Gaston Bachelard, Ed. Alianza, 1966

 

 

 

 

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~ por juannicho en enero 11, 2013.

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